México e Israel: coincidencias actuales

En estos momentos el blanco de los ataques de Morena y sus aliados es el INE, mientras que en el caso de Israel, el ultraderechista gobierno actual encabezado por Benjamín Netanyahu tiene su mira puesta en la demolición del poder de la Suprema Corte.

El momento crítico que vive nuestra democracia tiene paralelos en otras partes del mundo. La movilización ciudadana programada para mañana tendrá seguramente una imagen muy parecida a la que ofrecen concentraciones que se llevan a cabo en otros países por razones muy similares, casi idénticas: la lucha por la preservación de la democracia, hoy acosada por fuerzas reaccionarias que aspiran a imponer un control vertical, autoritario y permanente sobre su respectiva nación.

En esta ocasión, cuando el reclamo ciudadano en México gira alrededor de las maniobras tramposas de Morena y sus aliados para demoler al INE bajo el ridículo pretexto del combate al dispendio (la cacareada austeridad que en cambio no opera ni para Dos Bocas ni para el Tren Maya), sabemos bien que lo que está detrás es un maquiavélico plan para asegurar que en las próximas elecciones el triunfo quede irremediablemente en manos de quienes hoy detentan la mayor parte del poder político. Se trata de una estrategia que, además, funcionaría a más largo plazo como cimiento de la perpetuación indefinida en el poder de los miembros y seguidores de esa camarilla que triunfó en comicios democráticos, para después asfixiar descaradamente al sistema que le permitió llegar a donde hoy está.

Estoy segura que las fotografías aéreas que reproduzcan la concentración de mañana en el Zócalo, se parecerán mucho a las que se han visto de las multitudinarias manifestaciones semanales que a lo largo de casi dos meses se han llevado a cabo en decenas de ciudades israelíes. El impulso que las anima coincide: la misma preocupación, la desesperación de ver cómo avanzan la deriva autoritaria y el acoso a las libertades. La indignación frente a las trampas, las mentiras, el maquillaje mañoso de la realidad; la violencia tolerada e incluso incitada desde los púlpitos imperiales. Todo eso y más forma parte de las movilizaciones que, sin planearlo, hoy hermanan a la sociedad mexicana con la israelí en una misma lucha, destinada a evitar que en su entorno respectivo se instalen los flagelos de la oscuridad, la represión y el miedo.

Los matices que diferencian la condición mexicana de la israelí existen desde luego, pero el fondo de la intensa inquietud social de hoy es el mismo: democracia o no democracia. En estos momentos el blanco de los ataques de Morena y sus aliados es el INE, mientras que en el caso de Israel, el ultraderechista gobierno actual encabezado por Benjamín Netanyahu tiene su mira puesta en la demolición del poder de la Suprema Corte. El proyecto consiste básicamente en un cambio de régimen, para lo cual cuenta con su aplanadora legislativa (como la que hemos presenciado en México en los últimos cuatro años), a fin de arrebatarle a la Corte su función fundamental de contrapeso de los otros dos poderes.

En pocas palabras, de lo que se trata es que de ahora en adelante las iniciativas legislativas impulsadas por la bancada del gobierno puedan imponerse sin obstáculo alguno. Los derechos de las minorías y la defensa de libertades básicas estarán por ello amenazadas, augurando un deterioro del Estado de derecho requerido para ser una democracia funcional. Asimismo, para asegurar el golpe mortal al funcionamiento correcto del Poder Judicial, se pretende modificar la composición del comité que selecciona a los jueces, para cargar los dados colocando en dicho comité a una mayoría de electores que pertenezcan al gobierno. Igual que aquí ha pasado con el comité de selección de los candidatos para elegir a los nuevos consejeros del INE.

Allá como acá, no arredra a los poderes hoy dominantes los vaticinios que se hacen acerca de las nefastas implicaciones de sus políticas. En Israel ya comenzó la fuga de capitales y se dejan oír los avisos de que su calificación crediticia estaría por ser rebajada si se continúa por ese camino, que transformaría al país en una democracia iliberal. Paralelamente, la polarización social se ha vuelto más extrema que nunca, con lo que la violencia endémica que ha caracterizado a Israel por su peculiar historia, está escalando de forma alarmante. Los miembros de la academia, de las corporaciones creadoras de alta tecnología y de la comunidad científica y artística ya sienten sobre sí las mordazas a las que serán sometidos, una vez que los valores que se adopten como guía para la nación en calidad de único camino posible, se impongan gracias a la nulificación del poder equilibrador de la Suprema Corte.

Aquí y allá se viven pues, momentos cruciales, por lo que quienes estamos conscientes de lo que está en juego, estamos obligados a manifestarnos y no ser cómplices pasivos del asesinato de la democracia. Nos vemos en el Zócalo mañana.

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