Israel versus Gaza, una vez más

Existen voces lúcidas que reconocen que ni las milicias de Gaza podrán destruir a Israel, como lo pretenden, ni tampoco Israel regresará a ocupar militarmente Gaza desde adentro.

La intensa polémica interna en Israel, derivada de la intención del actual gobierno de realizar una reforma judicial que daría un golpe mortal a la Suprema Corte de Justicia a fin de concentrar el poder en manos del Ejecutivo y su bancada legislativa, ha pasado esta semana a un segundo término. Ello, porque cientos de cohetes están siendo lanzados por la Jihad Islámica desde Gaza hacia Israel, con ataques aéreos israelíes como represalia. Hasta el momento varios altos líderes de esa organización palestina han sido ultimados mediante asesinatos selectivos, pero también cerca de dos docenas de civiles de Gaza, y un ciudadano israelí, han muerto víctimas de los ataques.

En Gaza, la población civil sufre el horror de la embestida aérea, mientras que el sistema de defensa con el que cuenta Israel, conocido como Domo de Acero, intercepta los cohetes antes de llegar a su blanco y ha protegido a los israelíes eficientemente, aunque eso no quita que el sonido de las sirenas para avisar de la necesidad de ingresar con rapidez a los refugios, convierta estos días en jornadas especialmente tensas.

Dieciséis veces se han repetido estas ordalías en el curso de 20 años, con variaciones en cuanto a su duración y al saldo de sus muertos y heridos. Así como en esta ocasión la Jihad Islámica es el actor en el bando palestino, otras veces lo ha sido el Hamás. Las escenas de destrucción y muerte que hoy volvemos a ver parecen formar parte de una pesadilla recurrente para la que no se ha encontrado un antídoto capaz de eliminarla para siempre. La misma dinámica, las mismas acusaciones mutuas. El final de estos episodios se da, por lo general, con acuerdos de cese al fuego mediados principalmente por el gobierno egipcio. Todo para que unos meses o un año después, se vuelva a lo mismo.

Nada parece ayudar para que este desolador panorama que únicamente favorece la intensificación de los odios y el resentimiento pueda conjurarse. Existen, sin embargo, voces lúcidas capaces de una perspectiva más amplia, que reconocen que ni las milicias de Gaza podrán destruir a Israel, como lo pretenden, ni tampoco Israel regresará a ocupar militarmente Gaza desde adentro, como lo sueña la corriente ultranacionalista que forma parte de la población israelí. Esas voces se han estado manifestando en estos días y bien vale la pena enterarse de lo que dicen. Me refiero a una agrupación israelí denominada Commanders for Israel Security (CIS), integrada por cerca de 500 personajes, todos ellos generales retirados o altos funcionarios, también retirados, del Mossad, la policía, el cuerpo diplomático y la Shin Bet (servicios de inteligencia nacional). En un escrito publicado en la prensa hace unos días por cuatro de ellos –Matán Vilnai, Ami Ayalón, Tamir Pardo y Nimrod Novick– se describen con claridad las conclusiones derivadas de su análisis de la encrucijada en que se encuentra su país de cara a su conflicto con el pueblo palestino.

Luego de declarar que el CIS es una organización apartidista integrada por gente experimentada acerca de los desafíos y capacidades de Israel, expresan haber llegado a tres conclusiones: “…primera, somos más fuertes que nuestros adversarios; segundo, como se ha demostrado con la actual operación Escudo y flecha, no existe solución militar a nuestro conflicto con los palestinos. Y tercero, para mantener un Estado de Israel seguro, democrático y judío, debemos llegar a un acuerdo con ellos de una manera en la que nuestros requisitos de defensa estén asegurados, al tiempo que pueda asegurárseles a ellos soberanía y dignidad. Es con este análisis en mente que debemos reconocer la confluencia de la lucha por defender nuestra democracia con la misión de lograr el fin de la ocupación… No somos ingenuos, atemperados por muchas batallas, sabemos muy bien que el camino a un arreglo con los palestinos no es ni corto ni sencillo. Sin embargo, estamos convencidos de que Israel es lo suficientemente fuerte para tomar los riesgos involucrados…”.

Explican más adelante que aun en estos momentos en los que el panorama es más pesimista que nunca, hay que regresar a la única fórmula realista que podría terminar con el conflicto: dos Estados para dos pueblos. Porque añaden que “…no puede haber seguridad sin democracia, y la democracia es insostenible mientras se ocupe a otro pueblo contra su voluntad”. Todo esto dicho por reconocidos patriotas que mucho saben, por experiencia profesional propia, acerca de las consecuencias de seguir aferrándose a políticas centradas tan sólo en el control y manejo del conflicto indefinidamente.

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