Irán, denuncias artísticas

Esther Shabot

Esther Shabot

Editorial

Mucho antes de que en el mundo se supiera del asesinato en 2022 de la joven Mahsa Amini en Irán a causa de la violencia ejercida contra ella por la policía de la moral por llevar mal puesto el velo que de acuerdo a las normas de la teocracia de su país debía de cubrir su cabellera, ya habían circulado profusamente obras artísticas que revelaban la inclemencia del régimen de los ayatolas en su trato a las mujeres, y de su mano de hierro para obligar a sus ciudadanos a cumplir con la sharía o ley religiosa islámica imperante en el país desde que en 1979 se instauró la República Islámica tras el derrocamiento del régimen del sha.

Antier se conoció la noticia de que la autora de una de esas obras, Marjane Satrapi, murió a los 56 años de edad. Asilada en Francia en su juventud, se volvió internacionalmente conocida por su novela gráfica Persépolis, en buena medida autobiográfica, que fue trasladada a la pantalla grande en 2007 como película de dibujos animados, nominada entonces a los premios Oscar. La frescura y ligereza de su obra contrastaba con lo doloroso y angustiante de su trama enfocada en mostrar el hilo de sucesos que fue llevando a gran parte de la población que apoyó con entusiasmo la caída del sha Rehza Pahlavi, al desencanto, la desesperación y aun el pánico ante la represión brutal del fanatismo que se impuso y que consiguió aislar a sus ciudadanos del resto del mundo al cerrarles las puertas y ventanas, a fin de impedirles el libre flujo de la comunicación.

Persépolis mostró a través de sus personajes la gravedad de la  mutilación cultural que se ejerció al prohibirse la música, la literatura y el cine occidentales, y la especial vigilancia de las autoridades a las instituciones educativas del país con el objeto de convertirlas en instrumentos para el indoctrinamiento religioso y político. El camino del exilio se presentó entonces, para muchos perseguidos e inconformes, como la única salvación posible, destino que tomó la entonces joven Satrapi, quien logró asilarse en Francia.

El impacto de Persépolis como revelación del país en que se había convertido Irán tuvo pocos años antes como precursora a otra mujer iraní, Azar Nafisi, profesora de literatura que ejerció la docencia universitaria a lo largo de los primeros 20 años de vigencia del régimen islámico. Tras conseguir abandonar Irán en 1997 y asilarse en EU, publica su libro testimonial Leer Lolita en Teherán, texto donde da fe de las dificultades crecientes que ella y sus alumnas enfrentaban como mujeres y como estudiantes de literatura inglesa, obligadas a avanzar en su programa de estudios en condiciones de clandestinidad debido a la censura oficial imperante. Su obra combina con maestría la descripción descarnada de los abusos y desafíos enfrentados por las mujeres, la atmósfera de terror generalizado vivida durante los años de guerra entre Irán e Irak de 1980 a 1988, y el concienzudo análisis con sus siete alumnas, reunidas semanalmente en la secrecía de una casa particular, del legado literario de Nabokov, Fitzgerald, Henry James y Jane Austen,

No cabe duda que otro baluarte de la creatividad artística iraní en rebelión contra la opresión y la censura del régimen ha sido el cineasta Jafar Panahi, quien ha vivido intermitentes estancias en cárceles de su país en razón de su producción cinematográfica. En el año 2000 se proyectó su película El círculo, ganadora del León de Oro en el Festival de Venecia por su impecable factura y su valiente denuncia del trato humillante y violento hacia las mujeres iraníes. Su última película, Sólo fue un accidente, fue proyectada en México hace unos meses, y en ella Panahi persevera en su misión no sólo de hacer buen cine, sino de mostrar simultáneamente la violencia aberrante y la manipulación ideológica mediante las cuales se ha  sostenido el gobierno de los ayatolas.

Lo ocurrido dentro de Irán en estos últimos dos años, en especial en los primeros meses de 2026, en los que se estima que durante las protestas populares cerca de 40 mil iraníes fueron asesinados por la Guardia Revolucionaria Iraní y las milicias Basij, es un capítulo macabro de la historia de Irán que no ha sido procesado cabalmente todavía por quienes lo han vivido en carne propia. Pero es seguro que pronto otros creadores como Satrapi, Nafisi y Panahi lograrán escapar del cerco represor para dar testimonio del inmenso drama que vive el pueblo iraní, secuestrado por sus fanáticos.