El ayatola Khamenei, Charlie Hebdo y la irreverencia
La cancillería iraní acusó a la revista, lo mismo que al gobierno francés, de haber perpetrado un acto insultante contra Irán y su máximo dirigente, por lo cual citó al embajador francés en Teherán para reclamarle por el agravio, señalando que la libertad de expresión de ninguna manera podía ser aceptada como justificación de la ofensa.
1.- Los hechos iniciales: La conocida revista satírica francesa Charlie Hebdo, cuya fama se intensificó tras el ataque terrorista islámico que sufrió en 2015 por haber publicado caricaturas del profeta Mahoma, ataque en el que murieron doce de sus colaboradores, decidió apoyar la causa de la ciudadanía iraní que desde hace tres meses exige libertades y derechos de igualdad para las mujeres. Con ese propósito, convocó a un concurso de caricaturas que tuvieran como motivo central al máximo líder político y religioso iraní, el ayatola Khamenei.
En su número de enero, las caricaturas ganadoras fueron publicadas por la revista, con imágenes que, por supuesto, hacían uso del sarcasmo y la ironía para enfatizar el carácter cruel y tiránico del ayatola, pintándolo como un fanático sanguinario y sádico. En varias de ellas se hacía alusión a los muertos y ajusticiados por órdenes suyas en el curso de las protestas populares que han inundado las ciudades iraníes en el último trimestre.
2.- La reacción del ayatola y su gobierno: Poner el grito en el cielo y amenazar con una reacción firme. La cancillería iraní acusó a la revista, lo mismo que al gobierno francés, de haber perpetrado un acto insultante contra Irán y su máximo dirigente, por lo cual citó al embajador francés en Teherán para reclamarle por el agravio, señalando que la libertad de expresión de ninguna manera podía ser aceptada como justificación de la ofensa. Al día siguiente, el gobierno iraní clausuró el Instituto Francés para la Investigación en Irán, una institución situada en Teherán y patrocinada por el gobierno francés para los estudios arqueológicos e históricos iraníes, prometiendo más acciones similares en los días siguientes.
Las redes sociales y las agrupaciones afines al liderazgo político de Khamenei han estado insistiendo en la necesidad de expulsar al embajador francés. La fachada de la embajada del país galo ha sido víctima de grafiti en el que abundan los insultos al presidente Emmanuel Macron con consignas referidas al colonialismo francés del pasado.
3.- Comentario: Las caricaturas de Charlie Hebdo de 2015 satirizaban al profeta Mahoma, poseedor de un halo de sacralidad al haber sido, de acuerdo con la narrativa musulmana, quien escuchó y difundió el mensaje del Dios único para de ahí fundar la religión islámica en el siglo VII D.C. Mahoma es así venerado por los 1,500 millones de musulmanes que viven hoy en nuestro mundo, en calidad de padre fundador, cuyo ejemplo de vida constituye el modelo a seguir.
En el caso que nos ocupa, quien ha sido objeto de la sátira de los caricaturistas franceses no alcanza evidentemente esa estatura teológica. El ayatola es, para efectos prácticos y teológicos, un cuestionable mortal de estos tiempos, quien encabeza a un conglomerado musulmán importante, pero no más que eso. No posee un halo divino ni tampoco su voz o sus actos son aceptados como los de un profeta. No cuenta con un consenso aprobatorio ni siquiera en su propio país, en el que es percibido, cada vez con más intensidad, como un dirigente cegado por el poder y el odio, sordo a los reclamos de su pueblo que demanda liberarse del yugo que se la ha impuesto.
Una de las lecciones que puede dejar este episodio, más allá de cómo termine, se refiere a la comprensión del fenómeno del poder. La furiosa indignación que está carcomiendo el ánimo del ayatola y de su círculo cercano demuestra que el poder es generalmente solemne. Uno de sus rasgos, como lo describía el escritor israelí Amos Oz en su opúsculo Contra el fanatismo, es la falta de sentido del humor, rasgo mucho más acusado cuando quien detenta el poder es un fanático (ideológico, religioso o de lo que sea), alguien que se piensa en posesión de la verdad absoluta, y por tanto, con la misión de imponerla, así sea mediante la fuerza bruta.
El fanático con poder puede quizá soportar la crítica, pero no la ironía ni el humor, ante los cuales no tiene antídoto, porque si hay algo que no es capaz de tolerar es la irreverencia, fuerza destructora de esa ridícula solemnidad que le sirve de coraza.
