Bashar Assad: dictadura recargada

No cabe duda que la reciente mediación china para la restauración de lazos entre Irán y Arabia Saudita –países que habían estado confrontados agriamente durante la última década– ha jugado un papel fundamental para los cambios que se están registrando.

La larga noche del pueblo sirio no termina, sólo cambia de tonalidades. La guerra civil que estalló en 2011 durante la oleada libertaria denominada Primavera Árabe, no logró, como pretendía, un cambio de mandos en el país, sino que se convirtió en una trágica pesadilla de la cual millones de sirios no han podido despertar. De empezar como protesta popular contra la tiranía de 40 años de los Assad, pasó a transfigurarse en una guerra total con intervención de múltiples poderes externos, que usaron el territorio sirio como arena para confrontarse y hacer avanzar sus intereses.

Las consecuencias de 12 años de conflicto fueron magnas. Se desencadenó la peor crisis de refugiados en lo que va del siglo, con cerca de la mitad de la población siria, de 22 millones, obligada a escapar a otras zonas del propio país o a otras naciones que no sin dificultades y obstáculos, accedieron a acogerla. De acuerdo con datos de la ONU, 360 mil civiles murieron durante la larga contienda en la que, incluso, armas químicas fueron utilizadas por el régimen para aplastar a los rebeldes.

Sin embargo y a pesar de las predicciones, en los últimos años el presidente Bashar Assad recuperó el control de la mayoría del territorio sirio, gracias en buena medida al apoyo de Rusia e Irán, firmes aliados del presidente de Damasco. Hoy la realidad parece sonreírle de nuevo a éste, ya que con la recomposición repentina y vertiginosa de las alianzas regionales, todo apunta al regreso de una cierta estabilidad en Siria gracias a la disposición de muchos de los gobiernos de los países árabes hermanos a acoger de nuevo al régimen de Assad como legítimo.

No cabe duda que la reciente mediación china para la restauración de lazos entre Irán y Arabia Saudita –países que habían estado confrontados agriamente durante la última década– ha jugado un papel fundamental para los cambios que se están registrando. El príncipe saudita Mohamed bin Salman (MBS), al dar ese paso, mostró que su dependencia, tanto de Estados Unidos como de Rusia, ha dejado de serle prioritaria. Sabe que, con relación a este último, la guerra en Ucrania mantiene a Moscú en un estado de desgaste, y respecto a Washington, ya hacía tiempo que decidió plantarle cara cuando rechazó aumentar su producción petrolera como le había solicitado el presidente Biden.

Es así como, a pesar de que el régimen de Assad sigue estando sometido a sanciones de parte de EU y de Occidente, debido a las acusaciones de genocidio sobre su propia población, se ha anunciado ya la decisión de la monarquía saudita de aceptar la reintegración de Siria a la Liga Árabe (de la cual había sido expulsada en 2011). La injerencia turca, por su parte, ha quedado en desventaja ante las dificultades que enfrenta Erdogan tras los sismos de febrero y la incertidumbre que flota acerca del resultado de sus próximas elecciones en mayo.

De hecho, las visitas diplomáticas han empezado a realizarse. Hace dos semanas, el ministro de relaciones exteriores sirio, Faisal Mekdad, hizo una visita sorpresa a Riad, mientras que su homólogo saudita, el príncipe Faisal bin Farhan, llegó a Siria el martes pasado, en la primera vez que un alto dignatario del Reino de Arabia Saudita pisa Siria desde 2011. Fue recibido por Bashar Assad, con quien conversó acerca de las vías para encontrar una solución política al conflicto que “preserve la unidad del país, su seguridad, su estabilidad, su integridad territorial… además del regreso de Siria al seno árabe y la recuperación de su rol natural en el mundo árabe”.

Ya desde 2018 Emiratos Árabes Unidos habían restaurado relaciones con el régimen de Assad, mientras los países árabes del Golfo y Túnez han anunciado también su decisión en ese sentido. Aunque Qatar, Jordania y Marruecos aún se muestran renuentes, es un hecho que la legitimación en curso del gobierno de Assad va, y que con ello se refuerza la unidad árabe regional.

Pero desde la perspectiva del pueblo sirio, golpeado y diezmado de manera inclemente a lo largo de los doce años pasados, la conciencia de que la catástrofe que le golpeó con tal salvajismo y barbarie está dando a luz a fin de cuentas a una realidad en la que la vieja tiranía no sólo no ha desaparecido ni tampoco ha sido castigada, sino que se reinstala con toda desfachatez y con la complicidad de quienes antes la repudiaron, debe ser una de las experiencias más dolorosas y amargas que pueda uno imaginar.

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