Francisco Fernando y John F. Kennedy

En 2018 se han recordado hechos de gran trascendencia histórica, por ejemplo, el centenario del final de la Primera Guerra Mundial, los 50 años del Mayo francés, la Primavera de Praga, la matanza de Tlatelolco y de los magnicidios de Martin Luther King y Robert Kennedy, ...

En 2018 se han recordado hechos de gran trascendencia histórica, por ejemplo, el centenario del final de la Primera Guerra Mundial, los 50 años del Mayo francés, la Primavera de Praga, la matanza de Tlatelolco y de los magnicidios de Martin Luther King y Robert Kennedy, de Francisco Fernando (hace 104 años), y el día de ayer se cumplieron 55 años del asesinato de John F. Kennedy, uno de los crímenes de mayor polémica y misterio en la historia. Específicamente, los homicidios del heredero al trono austro-húngaro y del 35º presidente de Estados Unidos, presentan similitudes que facilitaron la acción de sus conspiradores y asesinos, y que hoy es importante recordarlos ante el riesgo de que se configuren escenarios propicios para atentados políticos de ese calibre.

Ambas historias son bien conocidas. El archiduque Francisco Fernando fue asesinado (con su esposa, la duquesa Sofia) cuando estaba de visita oficial. El sobrino del emperador Francisco José fue a Sarajevo, no obstante que sabía de la impopularidad de los austriacos, y de la posibilidad de un atentado (del que, supuestamente, fue alertado por los serbios), sobre todo, después de que Austria se anexó Bosnia en 1908, lo que extremó la tensión con sus rivales, Serbia y Rusia. En este contexto su arribo era de alto riesgo, más aún porque operaba la Mano Negra, organización controlada por militares serbios, que reclutaba y armaba bosnios para atentados terroristas. El 28 de junio la pareja imperial hizo el recorrido en un coche sin capota, y rumbo al ayuntamiento sufrió un ataque fallido, pues la bomba rebotó hacia otro carro de la comitiva (el terrorista Cabrinovic fue detenido). Después de la recepción oficial, y contra lo aconsejado para cancelar la gira, los aristócratas decidieron visitar a los heridos, pero en el camino fueron baleados y asesinados por otro terrorista, Gavrilo Princip (apresado en el acto). La soberbia, la necedad, la falta de sensibilidad del archiduque ante el malestar social y las fallas de seguridad (y hasta el azar) ayudaron a los conjurados.

En una situación similar, se produjo el crimen de JFK por Lee Harvey Oswald, aunque múltiples teorías de la conspiración cuestionan la versión oficial, y que poseen gran verosimilitud, dado los poderosos intereses (la mafia, los anticastristas, la CIA, el vicepresidente Johnson, el complejo industrial militar, la Reserva Federal, entre otros), que ambicionaban poder o que se sintieron en peligro por los Kennedy. Si bien la visita a Chicago se canceló por las amenazas de muerte contra JFK, en el caso de la ciudad de Dallas no se interrumpió, pese a que, asimismo, existieron advertencias de un atentado. El 22 de noviembre de 1963, al mediodía, Kennedy hizo el recorrido citadino en un carro descapotado (acompañado por su esposa Jackie y el gobernador John Connally, quien a la postre resultó herido), y a baja velocidad. En la plaza Dealey por la calle Houston y luego de pasar por Elm Street, fue cuando el mandatario fue alcanzado por dos de tres tiros, uno mortal en la cabeza. El presidente murió en el hospital, Oswald fue apresado horas después. Aquí, también, la terquedad, el exceso de confianza, los “descuidos” en la protección presidencial facilitaron la tarea de los homicidas.

En estos casos se revela que la crispación social o al interior del Estado, la ambición de poder o la amenaza de perderlo (por parte de políticos rivales, poderes fácticos, crimen organizado, etc.), crean tierra fértil para las conspiraciones y los magnicidios políticos.

ENTRETELONES

La OCDE vislumbra la desaceleración de la economía mundial.

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