Sida, seguimos sin rumbo
En México estamos a oscuras frente al sida. Se compran antirretrovirales, pero la Secretaría de Salud no piensa en erradicar al VIH y mucho menos en la cura, así sea funcional. No hay claridad sobre la visión gubernamental de la epidemia. Esta oscuridad tampoco es ...
En México estamos a oscuras frente al sida. Se compran antirretrovirales, pero la Secretaría de Salud no piensa en erradicar al VIH y mucho menos en la cura, así sea funcional. No hay claridad sobre la visión gubernamental de la epidemia.
Esta oscuridad tampoco es reciente, se ha tejido al paso de los años porque la mirada de la medicina excluye la visión de otras disciplinas. ¿Cómo sería el manejo del VIH/sida si participaran sociólogos, antropólogos, sexólogos comunicólogos y expertos en sistemas? Los antirretrovirales son indispensables, necesitan comprarse y distribuirse; no obstante, oscurecen la posibilidad de mirar la epidemia más allá de su medicalización, porque el sistema de salud mexicano no está preparado para atender el VIH desde su condición de tratamiento crónico y de por vida.
Hablar de VIH implica hablar de sexo, de coitos, de semen, de sangre, de insatisfacción, de trabajo sexual, de consumo de sustancias para estimular el placer, de filias, de identidad de género y diversidad sexual, de preferencias y de gustos. Estos temas no se abordan por la moralidad del funcionario o funcionaria en turno o por la visión conservadora del personal médico. El impacto social del sida pasó a segundo plano. La discriminación persiste en el ámbito laboral y todavía en los servicios de salud.
El 8 de junio del 2021 nuestro país suscribió (como lo ha hecho en otros momentos) la resolución 75/284 de la Asamblea General de las Naciones Unidas sobre Sida que, en los hechos, constituye un compromiso político para acabar con esta pandemia en el año 2030. La relación de compromisos es muy larga y los interesados pueden consultarla en línea.
Sin embargo, la administración que concluyó hace unos días al frente del Centro Nacional para la Prevención y el Control del VIH/sida se retira sin informar cuáles de esos compromisos fueron cumplidos. ¿A quién le toca auditar la forma en que CENSIDA asumió la responsabilidad de hacerle frente a esta epidemia? CENSIDA audita con mucha severidad que los programas estatales entreguen el antirretroviral únicamente a personas sin seguridad social, pero ¿quién audita a CENSIDA para saber si está cumpliendo sus propias metas e incluso las metas internacionales?
En 2015 CENSIDA reconoció que no cumplió con la meta de mortalidad ante los Objetivos de Desarrollo del Milenio en ese año; la meta era reducir a 3.5 la tasa de defunciones, que quedó situada en 3.93 por ciento. ¿Y qué pasó en los siguientes años? La tasa no solo no se redujo, sino que creció: en el 2016 fue de 3.80; en 2017 fue de 3.82; en 2018 fue de 4.04; en 2019 fue de 4.20; en 2020 fue de 3.50 (lo que se buscaba en el 2015), pero en 2021 volvió a subir, se situó en 3.62 y en 2022 llegó a 3.71. El Sistema de
Vigilancia Epidemiológica todavía no ofrece datos del 2023.
Si a 20 años de haberse decretado “el acceso universal” a los antirretrovirales la mortalidad no se ha reducido, entonces es obvio advertir que el CENSIDA no ha podido guiar estrategias para lograr que el millonario gasto en ese medicamento ofrezca resultados ni en los programas estatales, pero tampoco en el IMSS o el ISSSTE. ¿Por qué siguen muriendo anualmente al menos 4, 600 personas si hay medicamentos, además de 355 clínicas y hospitales en el país con especialidad para atender la infección por VIH? ¿Hemos vivido la atención gubernamental del sida en un espejismo mediático?
En sus primeros seis años la Cuarta Transformación tuvo avances importantes como la reducción de la pobreza, el crecimiento de la economía, el incremento del salario y el fortalecimiento del empleo, entre muchos logros más. No obstante, en la materia específica de control y atención del VIH/sida permaneció la oscuridad acumulada por tantos años. ¿Qué ha sucedido dentro de la 4T que a CENSIDA llegan perfiles de servidores públicos sin capacidad de dimensionar al sida en todas sus aristas? ¿Por qué les cuesta trabajo aceptar que el VIH/sida se configura como epidemia afuera de los consultorios y hospitales? ¿Cuánta arrogancia pueden tener quienes desde sus escritorios blanquean la realidad de esta epidemia? En CENSIDA no están diciendo la verdad ante una epidemia que no ha perdido su configuración trágica. ¿La seguirán negando?
Entre sus apuntes, el escritor y antropólogo francés George Bataille advierte: “la tragedia que no se explica está, de todos modos, a merced de las explicaciones”. Y eso queremos hacer aquí. Desafortunadamente la epidemia también se ha oscurecido porque pacientes y comunidades afectadas la enfrentan desde una resiliencia institucional.
Dice Bataille: “lo que la tragedia enseña es el silencio” pero -agrega- “el silencio nada es si no pone fin, al menos por un tiempo, al pensamiento”. Sin duda en México hace falta pensar en el sida pero para desterrarlo, no para convivir con él; hace falta pensar en la fragilidad del soporte clínico, político y comunitario con el cual esta epidemia ha creído tener estabilidad. La pandemia de Covid-19 demostró que los recursos invertidos en sida eran prestados: médicos, funcionarios y hospitales especializados en sida debieron especializarse en la nueva alerta sanitaria y muchos pacientes con sida murieron.
En 1953 Bataille habló de cómo aquello que está seguro de su estabilidad puede pasar, de golpe, a una etapa de trastorno. Y en México la epidemia del sida no está en control. La oscuridad en la cual se toman decisiones no miente.
Referencias
- Bataille, Georges. “La oscuridad no miente”, traducción de Ignacio Díaz de la Serna. Ed. Taurus, 2001, México.
- Resolución aprobada por la Asamblea General el 8 de junio de 2021https://documents.un.org/doc/undoc/gen/n21/145/34/pdf/n2114534.pdf
