Crímenes de odio
Como ideología el machismo impone una sexualidad violenta. Desde ahí se educa a los hombres para que dominen a las mujeres e incluso eliminen las masculinidades disidentes. Detrás de los feminicidios y crímenes de homosexuales, bisexuales, personas transgénero o no ...
Como ideología el machismo impone una sexualidad violenta. Desde ahí se educa a los hombres para que dominen a las mujeres e incluso eliminen las masculinidades disidentes.
Detrás de los feminicidios y crímenes de homosexuales, bisexuales, personas transgénero o no binarias hay machismo. Por eso, mientras una sociedad como la mexicana permita e incluso fomente esos valores en la educación formal e informal seguirá existiendo estos crímenes.
Desde el 2016, la organización civil Letra S ha elaborado un informe para consignar en el país los crímenes de odio contra personas que viven una sexualidad no convencional, mediante el seguimiento periodístico de casos, lo cual definitivamente deja fuera las agresiones que no recibieron cobertura mediática. De acuerdo a esta medición se ha observado el incremento anual de casos: 76 crímenes en 2016, 95 en 2017, 92 en 2018, 117 en 2019 y 79 en 2020. Comparado esté último con 2019 se revela una disminución de 39%. Sin embargo, aclara la organización, el dato no debe confundir a la opinión pública ya que, además del subregistro de casos, la reducción tiene contexto: la emergencia sanitaria por Covid-19 obligó disminuyó drásticamente a movilidad y convivencia social, lo cual impactó no solo en los crímenes de odio sino en los homicidios en general reportados por las autoridades federales.
Debido a que el machismo tiene vigencia pero sobre todo a que las fiscalías (antes procuradurías) no han articulado acciones para prevenir pero sobre todo perseguir y sancionar esta violencia, Letra S considera que durante 2021 seguirán cometiéndose nuevos homicidios contra la población LGBTTTIQ+. Pero, ¿cómo identificar la muerte por odio de un gay, una lesbiana, una persona transgénero o bisexual, intersexual o no binaria?
Un estudio regional auspiciado en el 2009 por el Instituto Humanista de Cooperación al Desarrollo (HIVOS) permitió al Centro por la Justicia y el Derecho Internacional (CEJIL) -con sede en Costa Rica- elaborar un diagnóstico conceptual para dimensionar el crimen de odio, entendido como un “acto doloso, generalmente realizado con saña que incluye, pero no se limita a: violaciones del derecho a la vida, integridad personal, libertad personal; el cual tiene la intención de causar graves daños o muerte a la víctima, basando la agresión en el rechazo, intolerancia, desprecio, odio y/o discriminación hacia un grupo en situación de vulnerabilidad”.
De acuerdo a dicho estudio estos homicidios pueden catalogarse en tres bloques: 1) Por el tipo de criminal; 2) Por el tipo de víctima; y 3) Por las características de la conducta.
Esta última está relacionada con el contexto en que se comete el crimen, es decir, la permisividad social que no solo es jurídica sino cultural e incluso religiosa. Quienes asesinan lo hacer porque pueden hacerlo. Se mata porque no pasa nada o porque existen creencias, incluso “usos y costumbres” que avalan la negación progresiva de derechos e inclusión social de la víctima hasta que muere violentamente. El crimen de odio es el último paso de una cadena sistemática de violencia estructural vertida no solo contra la víctima sino contra el grupo social con el cual se identifica.
En el informe de Letra S se describe la identidad de género de las víctimas en los términos planteados por el punto 2 acuñado por CEJIL: 43 mujeres transgénero, 22 gays, 8 lesbianas, 1 mujer bisexual, 1 hombre trangénero, 1 mujer muxe; 1 persona no binaria; y la pareja de una mujer trans. Se trata de información importante porque permite decantar en dónde se concentra el odio.
Lo que el informe de Letra S no puede hacer es aborda es el punto 1 porque la gran mayoría de homicidas nunca son detenidos y mucho menos procesados. Citados por el informe del CEJIL, Levin y McDevitt clasificaron en 1993 en 4 grupos a los homicidas. El primero se integra por quienes se sienten motivados a partir de su percepción de poder y adrenalina para actuar en contra de personas que creen inferiores y vulnerables. En el segundo estamento aparecen quienes se sienten motivados a matar por un “peligro percibido” ya sea inminente o derivado de la intolerancia hacia un grupo de personas. En el tercero aparecen quienes tienen un deseo de represalia de un insulto o acción percibida por integrantes de ciertos grupos. Y en la cuarta se agrupan quienes asesinan por un sentido de misión que consiste en eliminar a los grupos que consideran inferiores.
En los cuatro grupos cruza horizontalmente el machismo. Y sí, los cuatro grupos existen en México.
Referencias
- Muertes violentas LGBTI+ en México, 2020. Ed. Letra S. 2021, México.
- Diagnóstico sobre los crímenes de odio motivados por la orientación sexual e identidad de género en Costa Rica, Honduras y Nicaragua. Ed. Hivos/CEJIL, 2013, San José
