Este jueves, Rafael Márquez dará a conocer una nueva lista de la Selección Mexicana con la urgencia de encontrar certezas y, sobre todo, resultados. En los papeles, Alexis Vega volverá a figurar como una de las piezas angulares del proyecto. Sin embargo, la pregunta incómoda exige respuesta: ¿es Vega un salvador real o el síntoma de una Selección que no sabe cerrar ciclos?
Nadie discute el talento de Alexis Vega. En Toluca es un jugador dominante porque el ecosistema de la Liga MX le permite flotar, recibir al pie y despreocuparse de las tareas defensivas. Pero el futbol de selecciones no es la Liga MX. El plano internacional no perdona a los futbolistas a media marcha ni otorga licencias para jugar al ritmo que dicte una articulación maltrecha. El propio jugador reconoció su frustración por su pobre aporte con la Selección e incluso ventiló la posibilidad de dar un paso al costado:
“Estoy viendo si sigo en la Selección o no, sé que es una edición complicada, pero, bueno, yo creo que por estos días estaré sacando un comunicado o ver si sigo en la Selección”.
¿Desde cuándo la Selección Mexicana depende de que el futbolista decida cuándo irse? A sus 28 años, en la plenitud teórica de su carrera, Vega arrastra una condición médica en la rodilla conocida por el propio Rafael Márquez, y un desgaste que le impide garantizar 90 minutos de intensidad no se puede dejar de lado. En un torneo corto de máxima exigencia, tener a un jugador en “dosificación permanente” no es un lujo, es una desventaja táctica; sobre todo mientras las selecciones élite priorizan la dinámica y el despliegue físico.
Se entiende la presión sobre el banquillo nacional y la tentación de echar mano de “lo mejor que hay” para salvar el resultado inmediato en la Nations League en los Cuartos de Final ante Jamaica. Pero administrar parches no es construir un proyecto. Si no es ahora, cuando la competencia exige atletas integrales y hay nombres buscando una oportunidad de consolidación, ¿cuándo se asumirá el costo de la renovación real?
La permanencia de Rafael Márquez en la Selección fue para darle continuidad a un proyecto, a una identidad que el propio cuerpo técnico se encargó de construir y que la afición adoptó con agrado; pero no por eso habría que mantener nombres por mantener.
La Selección Mexicana no puede seguir siendo un club de confort ni un hospital de rehabilitación con la camiseta nacional. Alexis Vega tiene calidad de sobra, pero la Selección necesita realidades físicas de 90 minutos, no chispazos de 30. Es momento de que los de arriba dejen de esperar comunicados de retiro y empiecen a tomar decisiones de Estado.
