La verdadera prueba de la reforma judicial apenas comienza

#OpiniónCoparmex

Columnista Invitado Nacional

Columnista Invitado Nacional

Jorge Peñúñuri Pantoja* 

Pocas reformas han generado una discusión tan amplia y profunda como la judicial. Desde su presentación, el debate ha involucrado a especialistas, instituciones, organizaciones de la sociedad civil, universidades, sectores productivos y ciudadanos interesados en el futuro del sistema de justicia mexicano.

Más allá de las distintas posturas que han surgido durante este proceso, existe un punto de coincidencia fundamental: la necesidad de contar con un sistema de justicia que responda de manera más eficiente, accesible y confiable a las demandas de la sociedad.

La reforma judicial representa una transformación de gran alcance para una de las instituciones más importantes del Estado mexicano. Como ocurre con cualquier cambio estructural, sus efectos deberán analizarse con responsabilidad, objetividad y una visión de largo plazo. Reformas de esta naturaleza no se evalúan únicamente por su contenido normativo, sino por la manera en que impactan la vida cotidiana de las personas y la confianza que generan en las instituciones.

Hoy, el reto principal ya no consiste en debatir el contenido de la reforma, sino en observar su implementación y sus resultados. La ciudadanía espera que cualquier cambio institucional se traduzca en una justicia más pronta, más transparente y más cercana a quienes la necesitan. Esa expectativa es legítima y debe convertirse en el principal parámetro para evaluar su éxito.

En este contexto, será indispensable dar seguimiento a indicadores que permitan medir el desempeño del sistema: la atención de los asuntos, la calidad de las resoluciones, la reducción de rezagos, la certeza jurídica y la confianza de la sociedad en las instituciones. Estos elementos serán los que permitan valorar el alcance real de las transformaciones emprendidas.

Asimismo, resulta importante reconocer que el fortalecimiento del sistema de justicia no depende exclusivamente de reformas constitucionales o legales. También requiere instituciones sólidas, personal capacitado, recursos suficientes y una cultura permanente de profesionalización y mejora continua. La construcción de un sistema judicial eficaz es una tarea constante que involucra a todos los actores relacionados con la impartición de justicia.

Tampoco debe perderse de vista que la justicia no depende únicamente de juezas, jueces y magistrados, quienes fueron el centro de esta reforma. Un componente igualmente determinante son las fiscalías locales y la Fiscalía General de la República, ya que constituyen la puerta de entrada al sistema de procuración de justicia. En muchos casos, es precisamente en esta etapa donde las personas enfrentan los mayores obstáculos: procesos lentos, falta de personal, insuficiencia de recursos, carencias en capacitación y condiciones inadecuadas para brindar una atención digna. Corregir estas deficiencias debe ser una prioridad, mediante mayores capacidades institucionales, mejor infraestructura, herramientas suficientes y un trato respetuoso para todas las personas.

Para el sector empresarial, la fortaleza institucional continúa siendo un elemento indispensable para el desarrollo económico. La existencia de reglas claras, mecanismos eficaces para la resolución de controversias y un entorno de certeza jurídica favorecen la inversión, el crecimiento y la generación de oportunidades.

Sin embargo, la relevancia de estos principios trasciende cualquier sector específico. La justicia constituye una garantía para toda la sociedad; es el mecanismo mediante el cual se protegen derechos, se resuelven conflictos y se fortalecen las bases de la convivencia democrática.

Por ello, los próximos años serán especialmente importantes. Más allá de las opiniones o percepciones iniciales, será el funcionamiento cotidiano de las instituciones lo que permitirá valorar el verdadero impacto de esta reforma. La experiencia demuestra que la solidez de un sistema de justicia se construye gradualmente, a través de decisiones consistentes, procesos transparentes y resultados que generen confianza.

México enfrenta una oportunidad relevante para seguir fortaleciendo sus instituciones. El desafío consiste en convertir los cambios normativos en resultados tangibles que respondan a las expectativas de la ciudadanía y contribuyan al fortalecimiento del Estado de derecho.

La discusión sobre la reforma judicial ha sido importante; la evaluación de sus resultados será aún más trascendente. Al final, la confianza en las instituciones no se construye a partir de discursos o promesas, sino de su capacidad para responder con eficacia, imparcialidad y transparencia a las necesidades de la sociedad.

*Presidente de la Comisión Nacional de Seguridad y Justicia y presidente del Comité Jurídico de la Coparmex