México ante la nueva reconfiguración global
Por Fadlala AkabaniCon la llegada de la Cuarta Transformación se inició un proceso de recuperación de nuestra soberanía que nos permita negociar con la aún mayor potencia financieray militar global, exigiendo condiciones de respeto. El mundo está cambiando a un ...
Por Fadlala Akabani
- Con la llegada de la Cuarta Transformación se inició un proceso de recuperación de nuestra soberanía que nos permita negociar con la aún mayor potencia financiera
y militar global, exigiendo condiciones de respeto.
El mundo está cambiando a un ritmo tan acelerado que se ha vuelto una convención afirmar que en los tiempos actuales ocurren en cuestión de semanas e, incluso, días, eventos de tal magnitud que antes tardaban años en suceder. El último y más reciente se trató de la caída del gobierno de Bashar al Assad, expresidente de Siria, que viene aparejado con una serie de cambios profundos que indican una reconfiguración de los poderes globales en su disputa por la hegemonía política entre dos bandos, la OTAN y el G7 frente a China, Rusia, las economías emergentes y el bloque BRICS.
Como primeras y significativas claves de estos cambios, podemos apuntar los reconocimientos al liderazgo fundamentalista islámico del incipiente gobierno en Siria desde Qatar y Arabia Saudita, aliados de Washington y la OTAN por tener choque de intereses comerciales con Rusia e Irán en la disputa del cuantioso negocio de proveer a Europa de gas y petróleo.
Rusia experimentó un meteórico ascenso en los rankings de exportadores de petróleo y gas desde que las sanciones de occidente (por el conflicto bélico con Ucrania) resultaron contraproducentes, pues el veto a la importación de hidrocarburos desde Rusia provocó que sus aliados comerciales más importantes, China, India y Turquía, incrementaran sus compras a precios preferenciales, lo que llevó al crudo ruso a alcanzar en 2023 los 8.1 millones de barriles diarios exportados. Esto no sólo benefició a Rusia, sino también ha incrementado la productividad de los compradores directos como indirectos en el Sudeste Asiático, ya que petróleo y gas son motor de la actividad industrial.
Entre las primeras estrategias de la Unión Europea y el G7 estuvo la de fijar un precio máximo al barril de petróleo ruso en el primer trimestre de 2023 en 60 dólares; por su parte, Estados Unidos hizo lo propio al revocar su adhesión al acuerdo sobre el programa nuclear de Irán y restringiendo en su totalidad las importaciones de crudo iraní. Los amos de la libertad, la tolerancia y el libre intercambio comercial, Washington et al, azuzaron el fuego que puso en ebullición la volatilidad en el precio del petróleo que, actualmente, va en un rango de los 75 a los 84 dólares por barril, dependiendo de la latitud en que se compre el hidrocarburo y quiénes, por supuesto, sean los aliados comerciales del país comprador. Si bien algunas predicciones económicas auguran una fuerte caída en los precios del crudo, la intención de Washington es, precisamente, tener el control del mercado global de hidrocarburos sometiendo a economías exportadoras como Rusia, Venezuela y México.
Por eso, dado que en nuestra región, América Latina, no solamente son varios los países que cuentan con abundantes recursos petroleros, sino que en ellos está la mayor del mundo, Venezuela, que por esa riqueza y la decisión soberana de administrarla en favor de su nación y su pueblo, además de forjar alianzas con enemigos de occidente (China, Irán y Rusia), se ha convertido en la reedición del bloqueo económico que marcó a la región en el siglo XX, el embargo emprendido contra una nación y pueblo caribeño que se atrevió a no ser dominada, Cuba. El asedio sobre Venezuela no obedece a la lucha por la democracia ni los derechos humanos, se trata de recuperar el control perdido (con la llegada del chavismo) sobre la mayor reserva petrolera.
La coyuntura para México es compleja por sus abundantes recursos naturales. Teniendo claro que el neoliberalismo entregó nuestro país como un apéndice territorial a la hegemonía de Estados Unidos, con la llegada de la Cuarta Transformación se inició un proceso de recuperación de nuestra soberanía que nos permita negociar con la aún mayor potencia financiera y militar global, exigiendo condiciones de respeto. De forma consecuente, el mundo ha sido testigo del cambio de rumbo económico y es por ello que a México se le ve como una economía emergente atractiva para occidente, pero también para bloques geopolíticos como los BRICS y para la llegada de inversiones provenientes de Asia.
Celebramos que la presidenta de la República, Claudia Sheinbaum Pardo, haya mantenido el temple para no caer en las provocaciones del presidente electo, Donald Trump, y responderle de manera contundente a través de la única vía adecuada, la diplomática.
Con la 4T estamos reconquistando nuestra soberanía económica, poniendo en el centro de las decisiones públicas las necesidades y demandas de la mayoría de los mexicanos, recuperando lo que el PRIAN pretendió sepultar, la industria productiva nacional, desmantelando y privatizando activos del Estado mexicano en favor del gran capital norteamericano y nacional, que hoy se recicla en deleznables figuras como Ernesto Zedillo, Carlos Salinas y Felipe Calderón.
