Mexicana de Aviación, a un año de operación
¿El mercado de la aviación mexicana necesitaba una nueva línea aérea?
Por Juan Carlos Machorro*
En la concepción tradicional neoliberal los mercados deben operar con mínima intervención gubernamental enfatizándose la competencia y la eficiencia del sector privado, mientras que, en el caso de las economías de Estado, este tiene un papel activo en la economía, incluyendo mediante la propiedad directa de empresas que sean consideradas clave en sectores específicos de la economía.
La propiedad estatal de empresas es, desde luego, justificable en circunstancias diversas, incluyendo para garantizar el acceso a servicios esenciales para todos, promover el desarrollo económico donde la inversión privada resulta insuficiente, mantener la estabilidad en mercados relevantes particularmente en épocas de crisis económicas, proteger intereses nacionales en el ámbito de la seguridad nacional y fomentar la equidad social.
En este sentido, cabe preguntarse, si el mercado de la aviación mexicana necesitaba una nueva línea aérea, que además fuera propiedad del Estado y, para rematar, puesta en operación en manos de las Fuerzas Armadas.
En este sentido, cabe mencionar que, aunque las fuerzas armadas de algunos países han participado esporádicamente en actividades de transporte aéreo colaborando con la industria civil, no es común que operen aerolíneas comerciales de manera regular y continua. Los pocos ejemplos de líneas aéreas comerciales operadas por fuerzas armadas en forma regular y continua corresponden a dictaduras militares y han resultado, sin excepción, en un rotundo fracaso desde la perspectiva de retornos financieros.
Es decir, por definición, la operación de aerolíneas comerciales está a cargo de empresas civiles con una clarísima prevalencia del sector privado, limitándose la participación militar a situaciones verdaderamente excepcionales o de emergencia.
A un poco más de un año de haber iniciado operaciones, el director general de la empresa paraestatal Mexicana de Aviación dio a conocer hace unos días algunas medidas relacionadas con ajustes al plan maestro de negocios —en continuación del anuncio realizado a inicios de año correspondiente a la cancelación de ocho de 18 rutas operadas durante 2024— anunciando que, durante el primer trimestre de 2025, se operarían tan sólo ocho rutas que irían incrementándose paulatinamente hasta alcanzar la operación de 14 rutas al cierre del año.
Es de llamar la atención que el plan operativo de la aerolínea paraestatal incluirá la expansión de destinos priorizando, tanto rutas de alta demanda como regiones desatendidas por otras compañías.
Esta combinación de rutas impide distinguir con claridad cuál es la vocación de la empresa paraestatal. ¿Se trata de una línea troncal o de una línea regional?, ¿pretende competir de tú a tú a líneas aéreas comerciales en las rutas con más frecuencias o verdaderamente busca un objetivo de carácter regional y social, de ampliación de la conectividad en rutas menos explotadas?
No parece haber una respuesta clara a estas preguntas, cuando menos de la experiencia operativa y de los resultados de los últimos meses, y de la narrativa oficial en relación con el proyecto.
Por definición, una línea aérea regional opera rutas más cortas, sirviendo a aquellos aeropuertos más pequeños y menos congestionados, coadyuvando así a la conectividad de áreas menos pobladas con ciudades más grandes. El hecho de operar rutas menos atendidas e inclinarse más a un perfil de línea regional parecería ir más en línea con el proyecto, que ha recibido una cantidad muy considerable de recursos públicos en un corto plazo y que se espera continúe siendo subsidiada en los próximos años.
La empresa comenzará a recibir los primeros aviones Embraer a mediados de este año, de un pedido de 20 aeronaves que irá recibiendo de la Empresa Brasileira de Aeronáutica (Embraer) con sede en Sao Paulo.
Todo indica que el proyecto continúa y lo que esperaríamos es que lo haga en forma clara y transparente, pero, además, de manera exitosa, logrando rentabilidades financieras o sociales verificables, para lo cual habría por comenzar por redefinir su verdadera vocación.
*Abogado
