Los extraditables

En México, a pesar de toda la violencia registrada de 2006 a la fecha, ni por asomohay la beligerancia que hubo en Colombia en contra de los sectores poderosos

Por Francisco Javier Martínez Galván*

En 1996 Gabriel García Márquez publicó una novela titulada Noticia de un secuestro. Se trata de un relato de la vida real colombiana durante la etapa de mayor violencia en ese país. No sé cuáles serían sus intenciones al escribirla, sin embargo, en una segunda lectura, realizada a trece años de su aparición, deja al descubierto con enorme claridad el tipo de confrontación que tuvieron los cárteles de la droga con el gobierno colombiano.

No cabe ninguna duda que el Cártel de Medellín, encabezado por Pablo Escobar, fue el principal grupo de delincuencia organizada en las décadas de los ochenta y noventa. Dicho cártel definía la estrategia a seguir por la mayoría de los narcotraficantes del país. Una de las principales preocupaciones de esos narcotraficantes era caer presos y ser extraditados hacia los Estados Unidos. Este peligro, nuevo en la situación política de Colombia de ese entonces, permitió que los principales grupos dedicados al narcotráfico se unificaran alrededor de una organización que se nombró a sí misma Los Extraditables,  cuya consigna era “Preferimos una tumba en Colombia que una celda en los Estados Unidos”.

Como lo narra García Márquez, el miedo a ser extraditados a los Estados Unidos tenía su origen en la “condena descomunal” que recibió Carlos Enrique Lehder Rivas de dos cadenas perpetuas más ciento treinta y cinco años de prisión. Esto gracias a la firma del tratado que establecieron Estados Unidos y Colombia durante el mandato de Julio César Turbay en el país sudamericano. La respuesta de Los Extraditables fue la de poner en marcha acciones terroristas que hasta ese momento no se conocían en el país sureño: secuestros de altos personajes de la política, de periodistas, de empresarios, de esposas de empresarios, asesinato de un candidato presidencial que estaba muy arriba en las encuestas, detonación de coches bomba, en un largo recuento de confrontación directa con las diferentes clases en el poder.

Durante ese periodo fueron asesinados por el narcotráfico tres candidatos presidenciales, el gobernador de Antioquia y un gran número de candidatos a diferentes puestos de elección popular. También mataron a miembros de la Suprema Corte de Justicia y a más de 200 jueces. También se registraron más de 1000 policías asesinados, más de 3000 lesionados y varias decenas de militares.

En México, a pesar de toda la violencia registrada de 2006 a la fecha, ni por asomo hay la beligerancia que hubo en Colombia en contra de los sectores poderosos. Esto se debe a que los cárteles tienen un comportamiento más gerencial y de negocio y su violencia se ha concentrado en “los de abajo” (setecientos veintinueve policías asesinados en 2018 y 2019; ochocientos cuarenta y siete militares asesinados desde el 2006 a la fecha), sin que se toque a los poderosos.

Con estos datos que tenemos de lo que sucedió en Colombia y la razón (las extradiciones) por las cuales los cárteles realizaron acciones tan contundentes contra la población y contra la clase política y los diferentes poderes de la unión, el ejecutivo, legislativo y judicial, podemos ampliar nuestro panorama respecto a lo que sucede en México.

Hoy que por primera vez el Cártel del Pacífico, uno de los más organizados y con mayor conciencia gerencial y de negocios, hace una movilización amenazando con realizar una matanza de civiles –en este caso familiares de miembros del ejército–, muestra el músculo de combate con hombres, para decirle al Estado Mexicano que no está de acuerdo con la detención y con la extradición de ninguno de los integrantes importantes y representativos de ese cártel y lo más seguro es que los otros cárteles, que tienen una fuerza similar o mayor a la del pacífico, actúen de la misma forma.

De manera tal que la posibilidad de continuar con las extradiciones que los Estados Unidos demanden está en veremos. Si el gobierno mexicano intenta hacerlo, seguramente tendremos respuestas similares a las que se utilizaron en las décadas de los ochenta y los noventa en Colombia.

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