La relación entre la hospitalidad y la gastronomía
Por Luis Javier Álvarez Alfeirán, MA* Hablar de hospitalidad es hablar de la relación directa que tenemos como individuos y como sociedad, no sólo entre nosotros, sino con nosotros.La idea de mercado con la que se ha manejado la hospitalidad, buscando mover el ...
Por Luis Javier Álvarez Alfeirán, MA*
Hablar de hospitalidad es hablar de la relación directa que tenemos como individuos y como sociedad, no sólo entre nosotros, sino con nosotros. La idea de mercado con la que se ha manejado la hospitalidad, buscando mover el sentimiento hacia una idea de comodidad, dista mucho del principio ético de la misma.
La hospitalidad no es cómoda, pues va en contra de nuestra propia naturaleza, pero no por ello es menos satisfactoria. La relación que se da a través de la hospitalidad enriquece a la persona más allá de los beneficios “holísticos” que la mercadotecnia nos quiere vender.
La limitación para entender al ser humano, fragmentándolo (en la salud, bienestar o comodidad), ha dejado a un lado la profundidad ética de la hospitalidad como una virtud que enriquece a la persona, muy por encima del aspecto utilitario.
La hospitalidad es mucho más y, por lo tanto, trasciende el aspecto funcional en el que se le ha encasillado. En el ámbito de la ética como virtud, implica una donación voluntaria, generosa y honesta de parte de la persona. No siempre un acto de acogida es un acto de hospitalidad, ya que, cuando carece de libertad, carece de virtuosidad.
La hospitalidad implica el intercambio íntimo de la persona con el otro, pero nace de la propia persona. Es un acto consciente de su voluntad que conlleva, en ocasiones, abrirse a aquello a lo que por naturaleza se resiste a compartir, pero que, al hacerlo, lo lleva a un enriquecimiento de su condición y dignidad como persona, no sólo por la reciprocidad de la acción, sino por el simple hecho de hacerlo desde la voluntad, es decir; enriquece a la persona cuando en un acto libre de la voluntad que se abre al otro, se abre para recibir también del otro. La hospitalidad, como donación de la persona, genera una relación que la transforma a través de los demás, enriqueciendo la experiencia de sí mismo.
La cocina, desde esta perspectiva humanística, es decir; más allá de una actividad económica, social o cultural, nos abre la puerta para una reflexión que ha sido relegada. Se ha analizado la actividad y su desarrollo desde una perspectiva generalmente técnica; gracias a ello hemos visto grandes avances, gracias al uso de la ciencia aplicada a los alimentos; la estética en la presentación de los platos es hoy centro de atención y difundida a través de redes sociales, revistas, libros y documentales, pero pocos son los que han abordado la actividad culinaria desde las humanidades, cuando su relevancia para la persona resulta fundamental.
Al hablar de gastronomía, hablamos irremediablemente de tradiciones, cultura, expresiones y manifestaciones sociales que nos llevan a un único centro vital que es la persona humana. Sin ello, la cocina pierde su sentido fundamental; tanto del cocinero como creador del platillo, como del comensal como recipiente.
Sólo la relación entre personas hace que la actividad culinaria pase de ser una satisfacción fisiológica a una actividad que enaltece los sentidos y es considerada una expresión artística: el arte culinario, la haute cuisine como la expresión más refinada de la cocina. La importancia de la gastronomía va más allá de estas consideraciones que pueden quedarse sólo en lo superficial.
La cocina, cuando es honesta, se abre a la posibilidad de trascendencia gracias a la hospitalidad, elevándose por encima de lo técnico para enriquecer a la persona en un encuentro con el otro que lo lleva a alcanzar su dimensión ética.
*Director de Le Cordon Bleu-Anáhuac
Twitter: @DirectorLCBMx
