Hora de actuar para proteger a nuestros hermanos migrantes

Columnista Invitado Nacional
Cuauhtémoc Ochoa*
La muerte de Lorenzo Salgado Araujo no puede convertirse en una estadística más dentro de la agresiva política migratoria que hoy se aplica en Estados Unidos. Catorce mil mexicanos permanecen detenidos en instalaciones que, en su mayoría, no son operadas directamente por el gobierno estadunidense, sino por empresas privadas contratadas para expandir, sin construir ni administrar, la capacidad carcelaria de ese país.
Durante meses, el gobierno mexicano respondió con el lenguaje habitual de las relaciones internacionales: notas diplomáticas, solicitudes de información, llamados a la revisión de procedimientos y expresiones de preocupación por las condiciones que enfrentan los mexicanos detenidos por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE). Sin embargo, ese lenguaje se agotó la semana pasada.
El homicidio de Lorenzo Salgado Araujo, un trabajador migrante mexicano de 52 años que llevaba 35 años viviendo en Houston, marcó un antes y un después. Lorenzo fue abatido por un agente del ICE durante un operativo en el que ni siquiera era el objetivo de búsqueda. La propia autoridad migratoria reconoció que pretendía detener a otra persona. Los videos públicos, los testimonios de quienes lo acompañaban y las inconsistencias detectadas por autoridades locales estadunidenses han puesto en entredicho la narrativa oficial construida en las primeras horas posteriores al crimen.
Pero existe un elemento adicional que vuelve aún más doloroso este episodio. El disparo mortal ocurrió en Canal Street, en el corazón de Magnolia Park, la comunidad mexicoamericana más antigua de Houston. Desde 1911, generaciones de trabajadores mexicanos ayudaron a construir ese barrio, Magnolia Park es parte de la historia del trabajo, del esfuerzo y de la contribución mexicana en Estados Unidos.
Por ello, lo ocurrido es un agravio que golpea la memoria colectiva de una comunidad entera.
Frente a esta realidad, resulta trascendental la decisión del gobierno de México, que encabeza nuestra presidenta Claudia Sheinbaum, de modificar su estrategia. El anuncio realizado por el canciller Roberto Velasco Álvarez marca un cambio de fondo: pasar de la protesta diplomática a la acción legal directa. La presentación de cartas de cese y desistimiento contra las empresas privadas que operan centros de detención migratoria, así como la instrucción a la Fiscalía General de la República para promover denuncias penales ante las autoridades estadunidenses, constituye una respuesta proporcional a la gravedad de los hechos.
Es un cambio de postura necesario. Durante demasiado tiempo, las empresas que administran centros de detención para el ICE han operado bajo esquemas que privilegian la rentabilidad por encima de la dignidad humana. Las evidencias demuestran negligencia médica, condiciones de hacinamiento, alimentación deficiente y prácticas que han derivado en la muerte de personas bajo su custodia.
Desde el inicio del segundo mandato de Donald Trump 17 mexicanos han perdido la vida en circunstancias relacionadas con operativos o detenciones migratorias. Catorce de ellos fallecieron bajo custodia del ICE y una parte importante de esos casos ocurrió en instalaciones administradas por empresas privadas. No estamos frente a hechos aislados; sino a un patrón que exige investigación, sanción y reparación.
Perseguir la responsabilidad de estas empresas es la estrategia que corresponde a la dimensión del problema. Ninguna empresa puede lucrar con la detención de personas y, al mismo tiempo, evadir responsabilidades cuando ocurren abusos, negligencias o muertes.
Por ello, la decisión del gobierno mexicano de preparar y presentar los documentos que permitan transformar el reclamo diplomático en denuncia penal merece reconocimiento y respaldo. Es una señal clara de que la protección de nuestros connacionales no puede limitarse a la expresión de inconformidades; debe traducirse en acciones concretas que busquen justicia.
Como senador de Morena, respaldo plenamente esta nueva ruta que ha emprendido el gobierno de México. La defensa de nuestros migrantes exige firmeza, México debe utilizar todos los instrumentos legales y diplomáticos para garantizar que estos hechos no queden impunes.
Migrar no es un delito. Buscar una oportunidad de trabajo no convierte a nadie en enemigo. Ningún ser humano merece morir por perseguir el legítimo anhelo de una vida mejor.
*Vicecoordinador del Grupo Parlamentario de Morena en el Senado de la República