Tuvieron que pasar casi 100 años para que el Estado colombiano reconociera e incorporase a la narrativa oficial el tristemente célebre episodio conocido como la Masacre de las Bananeras, en que el ejército colombiano reprendió una huelga de trabajadores agrícolas a sangre y fuego, cobrando la vida de más mil obreros de la United Fruit Company en diciembre de 1928.
El reconocimiento de esta tragedia sucedió con la formación del primer gobierno de izquierda (nacionalista y popular) en casi 100 años, el de Gustavo Petro. Sin embargo, formar gobierno no necesariamente implica tener todo el poder en uno de los países más conservadores de la región, al Pacto Histórico solamente le alcanzó para una iniciativa de ley que busca la reparación simbólica del daño perpetrado.
Uno de los mayores logros del gobierno de Petro ha sido el de cumplir con la reforma agraria y entregar 2 millones 711 mil hectáreas en tiempo récord, pues Colombia sigue siendo de los países con mayor desigualdad territorial, en donde 1% de los terratenientes posee más de la mitad del territorio cultivable.
100 años de agravios y despojos al pueblo colombiano; 100 años de imposiciones de los intereses económicos y geopolíticos de Estados Unidos, así como del extractivismo rentista de las élites locales. Condenada (2024) por la propia justicia norteamericana, Chiquita Brands (rebrandeo de la United Fruit Company) fue hallada culpable de financiar, mediante empresas locales, grupos armados, como AUC (paramilitarismo de derecha), que dejó una estela de muerte, desaparición y desplazamientos forzados en la región del Urabá antioqueño, al norte del país.
El apretado resultado de la segunda vuelta en la elección presidencial del 21 de junio, con una diferencia de tan sólo 250 mil 830 votos en favor del candidato derechista Abelardo de la Espriella sobre su contrincante, Iván Cepeda, representan un crecimiento sin precedente de la izquierda, que tradicionalmente ha sido proscrita en el país andino. El eventual triunfo de Abelardo de la Espriella representa un paso más en el avance de la ultraderecha en la región.
Con propuestas que en la agenda de seguridad representan una reedición de la agenda de Álvaro Uribe, presidente de Colombia entre 2002-2010, como bases militares de Estados Unidos y un Plan Colombia 2.0; cabe considerar que el Plan Colombia fue iniciado por el presidente Pastrana (2009), pero intensificado por Uribe, que se alineó con George W. Bush y su Guerra contra el Terrorismo, así, De la Espriella advirtió en campaña la adhesión de Colombia al Escudo de las Américas.
La vuelta a una lógica en que el Estado está en guerra con sus propios ciudadanos, el mismo Estado policial y represor del uribismo más el innovador sistema de cárceles bajo la fórmula salvadoreña de Bukele, y la promesa de destripar a la izquierda. En este mundo de atención limitada por videos de corta duración, De la Espriella encontró en ese formato que viraliza la estridencia la mejor manera de validar su verborrea de insensateces, como anticipar el uso de violencia letal contra protestas políticas.
Las acusaciones de fraude, así como la muestra de evidencias del mismo, por métodos que van desde los que implican operación territorial como compra de voto y coacción mediante violencia; inflado de urnas, alteración de padrones e incluso de carácter algorítmico. A nadie sorprende el respaldo de EU e Israel, Trump se jactó de haber hecho ganar al abogado con pasaporte norteamericano e italiano, Netanyahu mostró su beneplácito en X, pero aún no hay un resultado oficial.
