El Senado que necesita México

A los próximos senadores corresponderá abrir el proceso de negociación del TLCAN y defender a nuestras industrias

Independientemente del resultado de la elección del 1º de julio, podemos estar seguros de que atestiguaremos un reacomodo y una reconfiguración profunda de las élites políticas de nuestro país. El PRI, que ha usufructuado del poder político durante las últimas décadas, continuará su proceso de descomposición y pulverización; en distintas entidades federativas se observarán transiciones políticas de fondo, como en Jalisco; y el Poder Legislativo federal tendrá un rostro muy distinto y una correlación de fuerzas políticas inédita.

Este panorama nos obliga a reflexionar sobre el futuro de las instituciones y sobre el papel que cada una de ellas tendrá que jugar en esta nueva etapa del sistema político mexicano. En este sentido, el Senado tendrá una labor muy particular y de gran trascendencia, sobre todo deberá recuperar su vocación como instancia de representación política y territorial, como instancia de equilibrio y balance entre la agenda del gobierno federal y los intereses y aspiraciones de las entidades federativas que representa.

Es por ello que nosotros nos hemos comprometido con la idea de defender a Jalisco (lo digo como jalisciense, respetando y esperando que así piensen candidatos de otras entidades federativas). Se trata de tener en el Senado a representantes con capacidad de incidencia, con una agenda consistente, y con una misión fundamental: Impulsar los intereses de los ciudadanos de su estado y defenderlo de las imposiciones y las decisiones equivocadas que se tomen desde el centro. Esta convicción y esta agenda de trabajo no están en función de quien sea el próximo Presidente de México, sino en función de darle, en este caso a Jalisco, las herramientas necesarias para refundarse y tomar el futuro en sus manos.

Devolverle al Senado su vocación de instancia defensora de las entidades federativas significa, en primer lugar, tener senadores que sean garantes y defensores del territorio, de los recursos y de la economía de sus estados, que sean facilitadores e intermediarios confiables entre sus entidades federativas y el gobierno federal, incluyendo temas como los conflictos territoriales y la explotación de recursos, hasta temas de inversión productiva y desarrollo económico.

En segundo lugar, los senadores deben asumir la defensa de sus estados en la renegociación del TLCAN, que seguirá en un impasse después del proceso electoral. A los próximos senadores corresponderá abrir este proceso de negociación y defender a nuestras industrias y nuestros trabajadores; corresponderá tender puentes con sus homólogos de Norteamérica para construir soluciones y alternativas ante los vaivenes de un presidente como Donald Trump.

En tercer lugar, el Senado de la República deberá convertirse en una verdadera instancia de control político y equilibrio institucional. La nueva correlación de fuerzas políticas nos obliga a replantear la relación entre los poderes públicos, tanto entre los tres órdenes de gobierno como entre los tres Poderes de la Unión.

Veamos esta reconfiguración del poder político como una oportunidad para reconstruir nuestro sistema político sobre las bases del pluralismo, la contención del poder, el fortalecimiento del federalismo y la apertura de las instituciones.

*Candidato al Senado de la República por Movimiento Ciudadano en Jalisco.

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