Del cambio político al cambio de actitudes

Las elecciones del 1 de julio nos dejaron una transformación profunda del panorama político nacional. Existe una nueva primera fuerza política que tendrá, con sus aliados, la Presidencia de la República y la mayoría absoluta en ambas Cámaras del Congreso de la ...

Las elecciones del 1 de julio nos dejaron una transformación profunda del panorama político nacional. Existe una nueva primera fuerza política que tendrá, con sus aliados, la Presidencia de la República y la mayoría absoluta en ambas Cámaras del Congreso de la Unión; el PRI, por su parte, tuvo la peor derrota electoral de su historia, perdiendo la Presidencia, no logrando ganar ninguna gubernatura y perfilándose como una minoría parlamentaria.

A nivel subnacional, también se observaron transformaciones políticas de fondo, como la consolidación de fuerzas políticas emergentes, como Movimiento Ciudadano en Jalisco y en Nuevo León. Pero más allá de los resultados que deberán ser computados y validados por las autoridades electorales en las próximas semanas, hoy debemos ver hacia futuro y entender que esta transformación del panorama político debe venir acompañada de una transformación en las actitudes y en las agendas políticas.

Una primera buena señal en este sentido fue la postura asumida por los candidatos presidenciales de la coalición Por México al Frente y de la coalición Todos por México, quienes en la noche del 1 de julio reconocieron la tendencia de votación. Esto contrasta con otros procesos electorales y, sobre todo, ayuda a sobrellevar un proceso de transición civilizado y democrático, ayuda a sanar las heridas de un proceso electoral crispado y polarizado y sienta un precedente para el resto de las elecciones celebradas en nuestro país.

Pero el cambio político que atestiguaremos debe llevarnos a reflexionar sobre el papel de las oposiciones. Un Congreso con mayoría relativa de una fuerza política que a su vez controlará el Poder Ejecutivo requerirá de contrapesos fuertes, de una crítica permanente, de una vigilancia estricta. Ser oposición implica una doble responsabilidad: la de ser contrapeso y la de contribuir a tener buenos gobiernos mediante un contraste de ideas y proyectos que enriquezcan el debate público.

Este cambio en el entorno político también deberá venir acompañado de una nueva agenda pública, donde se recojan las demandas de los ciudadanos y las causas olvidadas por el gobierno saliente. Las nuevas mayorías y las minorías políticas tendrán que entender el mensaje de los votantes y llevar a la palestra temas pendientes como el combate a la corrupción y el derroche de recursos, la recuperación del salario y de los ingresos de los ciudadanos, la defensa de los derechos humanos y de los derechos de los pueblos indígenas, la creación de una Comisión de la Verdad, la reforma de nuestro sistema de seguridad pública, del modelo de fiscalías autónomas y la revocación de la Ley de Seguridad Interior.

Éstos y muchos otros temas tendrán que comenzar a discutirse con seriedad, con inclusión y entendiendo que los votantes mexicanos no sólo aspiraron a un cambio de colores partidistas, sino a un cambio de fondo, a un cambio de régimen y a un cambio en las actitudes y agendas políticas.

POSDATA: Agradezco a los casi un millón de jaliscienses que votaron por la fórmula al Senado encabezada por un servidor y Verónica Delgadillo. Por primera vez en la historia, la elección al Senado en Jalisco fue de las más observadas y comentadas; por ello, me siento honrado de recibir la confianza de los jaliscienses. Vamos a dignificar en el Senado el buen debate que se dio durante esta campaña.

                Candidato al Senado de la República

                por Movimiento Ciudadano en Jalisco.

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