Premisas para alcanzar la paz

El próximo Presidente de la República estará obligado a realizar un ejercicio de acceso a la verdad y a la justicia

El tema que más preocupa a los mexicanos y que más ha lastimado a nuestra sociedad durante la última década es, sin lugar a dudas, la violencia e inseguridad, un ciclo de crímenes atroces y violaciones a los derechos humanos que tiene como corolario una impunidad generalizada.

El proceso electoral que se desarrolla en nuestro país debe servir para realizar un verdadero ejercicio de discusión y reflexión nacional que siente las bases de una nueva estrategia y de un nuevo modelo de seguridad que nos permitan poner freno a la violencia y abatir la impunidad.

Hay cuatro premisas que quisiera plantear en este espacio.

1) Ni la continuidad de una estrategia fallida en materia de seguridad, como quiere el PRI, ni una apuesta al olvido o a las soluciones mágicas, como quiere Morena, son alternativas aceptables para alcanzar la paz y dignificar a las víctimas. Los más de 220 mil homicidios en dos sexenios deberían ser suficientes para entender que se tiene que cambiar la estrategia sin perder el acento en la restitución y el acceso a la justicia de las víctimas.

2) Son tan importantes las fiscalías que sirvan, como las policías que sirvan. La necesaria reforma para consumar la autonomía del sistema de procuración de justicia tiene que acompañarse de un plan integral para el fortalecimiento de las policías en los tres órdenes de gobierno. Éstas son tareas absolutamente impostergables, ya que son los pilares para sostener cualquier política de seguridad democrática, y sin los cuales todo esfuerzo será infructuoso.

3) La crisis de derechos humanos que vive México es de proporciones históricas, y la respuesta que se merecen las víctimas y la sociedad mexicana debe ser de la misma magnitud. Quien quiera que sea el próximo Presidente de la República estará obligado a realizar un ejercicio de acceso a la verdad y a la justicia, porque el país no aguantará más tiempo sumido en una espiral de indolencia.

4) Una nueva política de seguridad debe acompañarse de estrategias para ponerle fin a la violencia de género y a la violencia feminicida. Es prioritario hacer justicia en los delitos contra las mujeres y acabar con los patrones de revictimización e impunidad. Combatir la violencia contra las mujeres es un paso fundamental en la construcción de una sociedad más justa, porque se estará atacando una conducta que refleja una estructura de desigualdad presente en nuestro país, y una conducta que afecta a todas, que no discrimina edad, condición social o situación económica.

Durante este sexenio, el PRI ha hecho todo esto al revés: convirtió en ley una estrategia de militarización y una política de seguridad fallida; no sólo fracasó en la defensa de los derechos humanos, sino que convirtió al Estado mexicano en un cómplice de estos crímenes; canceló la posibilidad de emprender una reforma en materia policial; bloqueó la reforma para tener una fiscalía que sirva y pretendió imponer un fiscal carnal.

Por todo esto, 2018 debe ser una oportunidad para discutir y construir las premisas de una nueva política de seguridad que ponga en el centro la dignidad de las personas, que esté dispuesta a dejar atrás las políticas fallidas y que tenga el valor de buscar la paz no cueste lo que cueste, sino pensando en el futuro de las instituciones, de nuestro país y de nuestras familias.

Este proceso electoral debe obligarnos a plantear nuevas premisas y un cambio de estrategia en materia de seguridad como vías para recuperar la confianza de los ciudadanos. 

        *Precandidato al Senado de la República por Movimiento Ciudadano en Jalisco.

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