TLCAN: amenazas y oportunidades
Esta coyuntura adversa debe servir para que México replantee sus coordenadas en materia de comercio exterior
Hace poco más de 6 meses inició la renegociación del TLCAN, que se ha visto empañada en distintos episodios: Desde el tuit en el que Trump amenazaba que “If there is no Wall, there is no Deal!” (“Si no hay muro, no hay acuerdo”) hasta la cancelación, hace unos días, de una reunión entre Trump y Peña Nieto, que todavía no sabemos qué impacto tendrá en esta negociación.
La posible cancelación del Tratado o a la aprobación de modificaciones sustanciales han generado preocupaciones: Desde una eventual escalada inflacionaria, pasando por una grave depreciación del peso, hasta una caída en el PIB nacional. Diversas empresas ya han pospuesto sus planes de expansión e inversión en México hasta que concluya la negociación.
En estos días se celebra en México la Séptima Ronda de negociación y es pertinente atender algunos de los retos y oportunidades que se presentan.
En este sentido, no podemos perder de vista las modificaciones en materia fiscal aprobadas en EU, como el Impuesto contra la Erosión de la Base y Antiabusos (Base Erosion and Anti-Abuse Tax), con el que se cobrará una tasa del 10% a los pagos que hagan empresas estadunidenses a proveedores ubicados en el extranjero, lo que podría afectar a múltiples empresas instaladas en México, e incluso desincentivar la inversión en nuestro país, dado que diversas industrias replantearán sus cadenas productivas para minimizar los impactos fiscales.
Por otra parte, algunos puntos controvertidos en la negociación del Tratado podrían impactar también en la competitividad de algunos sectores exportadores mexicanos, como las cláusulas que plantea EU sobre reglas de origen y contenido regional, que podrían afectar particularmente a la industria automotriz.
Pero esta coyuntura adversa también debe servir para que México replantee sus coordenadas en materia de comercio exterior para que construyamos alternativas y estrategias que fortalezcan a nuestro país, a sus trabajadores y a sus industrias.
México debe entender que no podemos seguir teniendo tratados comerciales que no pongan en el centro de las decisiones a los trabajadores; y que no podemos concebir al comercio, como Trump, meramente como un asunto entre naciones donde lo único importante es el déficit, sino que el comercio es entre individuos y empresas, por lo que las decisiones deben atender a las fortalezas de los sectores productivos y al desarrollo de los trabajadores.
Partiendo de estas premisas, México tiene cosas por hacer: Tomar en serio las estrategias para aumentar el valor agregado en los sectores productivos; volcar los esfuerzos en la innovación y la inversión en educación; emprender procesos de diversificación de las exportaciones, que aunque es un camino largo y complejo, ya se está haciendo en estados como Jalisco, donde más del 35% de sus exportaciones va a países distintos de Estados Unidos; fortalecer el mercado interno, de manera que nuestros productos cuenten con más contenido nacional para incrementar la competitividad y el dinamismo de nuestro mercado. Atender estas tareas significará también una oportunidad para replantear la política salarial de nuestro país, una de las asignaturas pendientes más importantes en el combate a la desigualdad.
Independientemente de cómo concluyan las negociaciones del TLCAN, no quedará otro camino más que construir soluciones y alternativas con visión de futuro y diseñar el camino que queremos que México recorra.
*Precandidato a senador por Movimiento Ciudadano en Jalisco.
