¡Es el machismo, estúpidos!

A los hombres no los matan por el hecho de ser hombres; a los hombres no los violentan en la calle, en el trabajo o en su casa por el hecho de ser hombres; a los hombres no los insultan por elegir una forma de vestir ni los hostigan por ser hombres. A las mujeres sí. Esta ...

A los hombres no los matan por el hecho de ser hombres; a los hombres no los violentan en la calle, en el trabajo o en su casa por el hecho de ser hombres; a los hombres no los insultan por elegir una forma de vestir ni los hostigan por ser hombres. A las mujeres sí.

Esta realidad se llama violencia de género, y su expresión más indignante y atroz es la violencia feminicida. Hoy es uno de los problemas que más lastiman a México y que no podemos seguir invisibilizando, que ya nadie puede minimizar porque todos los días cobra víctimas sin distinción de regiones, edades o condición social.

Mientras no entendamos esta realidad, no sólo no le estaremos abonando a la solución, sino que seguiremos siendo parte del problema, porque la indolencia y banalización es el caldo de cultivo de estas violencias.

Es momento de ponerse en el lugar de quienes (con justa razón) tienen miedo de salir a la calle; de ponerse en el lugar de quienes están siendo víctimas de una violencia cotidiana, de una violencia que las está matando por el hecho de ser mujeres, y de una violencia institucional que, además, las revictimiza.

Sólo así podremos preguntarnos, con algo de vergüenza y con un verdadero sentido de responsabilidad, qué podemos hacer para combatir la violencia feminicida que en pleno siglo XXI tiene a México en una crisis social inaceptable.

El punto de partida es que tenemos un Estado indolente e insensible a la problemática, como lo demuestran su carencia de políticas públicas efectivas, sus deficientes o inexistentes estadísticas, y la impunidad generalizada en estos delitos. Igualmente, lo demuestran los innumerables casos de violencia de género y feminicidios en los que los ministerios públicos y los jueces no dimensionan adecuadamente este tipo de crímenes, a costa de dejar en la impunidad a los culpables y de revictimizar a las mujeres.

Esto evidencia la necesidad urgente de concebir, diseñar y consolidar instituciones con perspectiva de género, porque estas fallas institucionales reproducen patrones de discriminación y machismo, de indolencia e ignorancia, presentes en nuestra sociedad (y en quienes conducen a las instituciones), que permiten la impunidad, que revictimizan a las mujeres y que, por lo tanto, son parte del problema.

El Grupo Parlamentario de Movimiento Ciudadano propuso hace unos días en la Cámara de Diputados una reforma al Código Penal Federal para que cualquier delito que sea cometido tenga una pena agravada cuando incurran razones de género, es decir, para que tengamos perspectiva de género en todo el andamiaje penal mexicano.

De esta manera, las instituciones de procuración e impartición de justicia tendrán instrumentos para dimensionar la violencia de género y castigarla de manera efectiva.

Toda violencia es condenable, pero la violencia de género obedece a factores concretos que son producto de una relación y una estructura de desigualdad, que deben identificarse y atacarse con las herramientas adecuadas.

Para poder decir Ni Una Más, primero escuchemos los reclamos de quienes están siendo violentadas, pongámonos en el lugar de quienes son víctimas de una sociedad desigual, de quienes son revictimizadas por un sistema de justicia indolente. Escuchemos y actuemos en razón del dolor y del miedo con el que tienen que vivir diariamente las mujeres en México.

           *Coordinador del Grupo Parlamentario

                de Movimiento Ciudadano.

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