Ni una más
A los crímenes contra mujeres, las desapariciones forzadas, las ejecuciones de periodistas y miles de asesinatos los identifica algo en común: la impunidad.
Hace unos días fue encontrado el cuerpo de Lesvy Berlín Osorio, de 22 años, en la UNAM. Soy maestro, con licencia y sin sueldo, en el Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad de Guadalajara y puedo decirles que pocas cosas conmocionan e indignan tanto a una comunidad como la muerte de una mujer —una estudiante, una voz y una parte vital del presente y el futuro de un país— en un entorno de violencia y desprecio por la vida.
Lesvy, como otras personas, fue victimizada nuevamente por las autoridades que debían responder por su seguridad y sus derechos: después de que su cuerpo fue encontrado, la Procuraduría de Justicia de la Ciudad de México difundió unos tuits para decir que había bebido alcohol y consumido drogas, que debía materias y que ya no estudiaba en la UNAM.
No es la primera vez que esto sucede. La dependencia hizo lo mismo con Natasha, la hija de Carlos Fuentes, en 2005, y con Nadia Vera una década después.
Los feminicidios irrumpieron como un grave fenómeno social en Ciudad Juárez y después comenzaron a multiplicarse. Han sido asesinadas —o desaparecidas— mujeres periodistas, activistas, doctoras, estudiantes y abogadas, mujeres jóvenes, maduras y ancianas, tanto mexicanas como extranjeras, en todo el país, y de manera subrayada en el Estado de México.
A los crímenes de mujeres, las desapariciones forzadas, las ejecuciones de periodistas y miles de asesinatos los identifica algo en común: la impunidad.
Una mujer, una estudiante, una joven es asesinada porque las autoridades a nivel estatal y federal no hacen su trabajo y porque como sociedad permitimos que esto creciera de manera brutal y se convirtiera en una normalidad en medio de la violencia que azota al país. Una mujer puede morir asesinada porque si nos atenemos a las estadísticas, las posibilidades de que el crimen se esclarezca y los responsables sean castigados, es de sólo dos por ciento.
No podemos quedarnos de brazos cruzados ante estos asesinatos; en México, siete mujeres son asesinadas cada día, dos de cada tres han sufrido violencia de género, una de cada dos ha sido violentada por sus parejas, una de cada cinco sufre violencia laboral, y con frecuencia esta violencia viene de manos de personas cercanas.
Tenemos que arraigar en la comunidad, no sólo en el aula y en la casa, el respeto por la vida de las mujeres y de cualquier persona, porque el grado de violencia que estamos viendo es inédito.
Este año se cumplió una década desde que Felipe Calderón tomó la decisión de enfrentar una guerra contra el narcotráfico que en su gobierno dejó 121 mil muertos, según el Inegi, y no estamos entendiendo la dimensión de esto, ni cómo hacer frente a las peores secuelas de la violencia, como los asesinatos de mujeres.
Los tuits de la Procuraduría son el reflejo de un problema de fondo de nuestras instituciones de seguridad y procuración de justicia; el problema no sólo es de comunicación social, sino también estructural.
*Coordinador del Grupo Parlamentario de Movimiento Ciudadano.
