Cuando se lucra con la pobreza

Está claro que es indispensable colocar el inadvertido y desdeñado tema del desarrollo humano en el centro de la discusión política, o estaremos condenando a millones de mexicanos a vivir más, que no necesariamente significa vivir mejor.

Por cuarto año consecutivo, México perdió posiciones en el ranking del Índice de Desarrollo Humano de la ONU, que evalúa el bienestar social de los países. Es una noticia grave porque confirma el deterioro de las condiciones de vida de millones de mexicanos, al tiempo que los programas de desarrollo social representan como nunca antes una fuga interminable de dinero público utilizado como instrumento de presión y manipulación política.

En el calentamiento de las campañas electorales de este año, a poco más de un año de la elección presidencial, nos encontramos ante un bochornoso espectáculo de reparto de dinero y bienes de primera necesidad en los estados donde se elegirán gobernadores y otras autoridades.

En estos días el Estado de México se ha transformado en una feria en donde por igual el subsecretario de Desarrollo Social, diputados federales priistas, el gobernador Ávila y su hija reparten tinacos y cajas de herramientas, ofrecen hemodiálisis y hasta prometen pintar parroquias en los barrios y las zonas más deprimidas.

Mientras tanto, el Informe sobre Desarrollo Humano 2016 ubica a México en la posición 77 en un ranking de 188 países, 16 sitios más abajo que la calificación del año 2013. El ejercicio considera indicadores como esperanza de vida, escolaridad promedio e ingreso per cápita, y se complementa con índices sobre desigualdad social y equidad de género.

En los últimos 25 años la esperanza de vida aumentó de 75 a 77 años en los hombres y de 68 a 72 años en las mujeres, pero en sentido opuesto son más los mexicanos que tienen menos ingresos, índices de escolaridad más precarios y padecen más

pobreza que las generaciones que los antecedieron.

La Reforma Educativa del gobierno peñista, uno de los aspectos más relevantes en la medición del índice de desarrollo humano, no parece alejarse de un limbo incierto que impide mejorar la calidad y el acceso a la enseñanza, en tanto que en materia de desigualdad social México está dentro del 25% de los países con índices más elevados y es una de las dos naciones más desiguales de la OCDE.

La involución del desarrollo humano del país representa uno de los retrocesos más importantes en el contexto de la elección presidencial de 2018, porque revela el fracaso de los gobiernos federales en la tarea de mejorar las condiciones de vida de los mexicanos.

En lo inmediato lo razonable es denunciar y exigir que cese el uso político de los recursos de desarrollo social en el Estado de México. Pensando en las elecciones de 2018, está claro que es indispensable colocar el inadvertido y desdeñado tema del desarrollo humano en el centro de la discusión política, o estaremos condenando a millones de mexicanos a vivir más, que no necesariamente significa vivir mejor.

*Coordinador del Grupo Parlamentario de Movimiento Ciudadano.

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