Tiempos de firmeza

En Estados Unidos hay “bad hombres” que mantienen el negocio de la droga y quienes durante años han logrado escapar de la justicia.

Los próximos días estarán en México los secretarios de Estado y de Seguridad Interior de Estados Unidos para reunirse con funcionarios del gobierno del presidente Peña. Tras los anuncios incendiarios del nuevo gobierno en las primeras semanas —el muro en la frontera y las primeras deportaciones— esta visita supondrá el inicio de las negociaciones y los acuerdos que más allá de las amenazas del presidente Trump determinarán el futuro de la relación bilateral entre ambos países.

Un punto de partida imprescindible es la ratificación de un principio asumido por primera vez por los gobiernos de George W. Bush y Obama: los problemas comunes deben abordarse desde una perspectiva de corresponsabilidad compartida. Ningún conflicto puede resolverse con imposiciones y acciones unilaterales, sino con diálogo y acuerdos en los que ambas naciones asuman su parte de responsabilidad y aporten para resolverlos.

Frente a las amenazas y arrebatos de Trump, el gobierno mexicano debe actuar con decisión, y eso significa no dejarse intimidar ni ceder ante presiones absurdas con el pretexto del diálogo; las negociaciones deben partir del principio de que México también tiene cartas para responder a las amenazas: Si Trump insiste en fijar aranceles a los productos mexicanos dentro del TLCAN, es posible responder en los mismos términos. Si insiste en la construcción del muro en la frontera, entonces, se puede cancelar el programa Frontera Sur con el que México ha detenido a más de 300 mil migrantes centroamericanos en su travesía a Estados Unidos, un programa que contraviene las obligaciones del Estado mexicano en la Convención Internacional sobre los derechos de los migrantes y los refugiados. El reto será llevar la discusión a términos sensatos y reales.

Tampoco, se puede asistir a la mesa de negociaciones sólo para tratar las exigencias del país vecino: México debe llevar su propia agenda en la que la prioridad debe ser el tema migratorio, acordar medidas para el tránsito en la frontera y la protección de los derechos humanos de los migrantes. En narcotráfico será preciso ser claros y contundentes: en Estados Unidos hay “bad hombres” que mantienen el negocio de la droga y quienes durante años han logrado escapar de la justicia; bajo esta premisa se puede pensar en colaboración de ambos países, pero bajo ninguna circunstancia se pueden aceptar intervenciones del tipo boots on the ground de Colombia en los años 80, cuando los militares estadunidenses ocuparon territorio colombiano para perseguir a Pablo Escobar. Lo que sí debe ser una exigencia es que Trump y su gobierno pongan en marcha acciones efectivas para contener el envío de las armas que llegan de Estados Unidos a los cárteles mexicanos, un pendiente que ni Bush ni Obama atendieron a cabalidad.

En síntesis, el gobierno federal debe entrar a esta negociación con firmeza y sin titubeos para transmitir el mensaje de que sin importar bravuconadas, ésta es una relación de pares entre dos países, dos gobiernos y dos presidentes. De este primer acercamiento dependerá en buena medida la posición desde la que el gobierno federal enfrentará la renegociación del TLCAN.

                *Coordinador del Grupo Parlamentario de Movimiento Ciudadano

Temas: