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Las menores han pasado uno de los años más importantes para su desarrollo, encerradas. La escuela dejó de ser espacio propicio y estudiar se ha tornado en aburrimiento interminable. Independientemente de lo acertado o no del Aprende en Casa, la vida transcurrió entre cuatro paredes y sin las indispensables amigas y los, en ocasiones, molestos amigos
Si nuestras abuelas no tenían más opción que ser amas de casa, soñar con bodas de cuento, criar cuanto chiquillo o chiquilla les diera Dios, aguantar cuanta insolencia, agresión o disparate se le ocurriera al marido, si es que no se le había ofrecido ir por cigarros y no volver nunca más, nosotras gozamos de muy amplias libertades, conseguidas por años de lucha sin reposo, incidir en campos “sólo para hombres”, aguantar y aguantar hostigamientos, acosos, violencias, divorcios estrujantes. Pero, ¿nuestras nietas?
Muchas soñamos y luchamos para que vivieran en reales condiciones de igualdad de derechos, que pudieran diseñar futuros, al igual que nuestros nietos, con las mismas oportunidades. El virus que ha asolado a la humanidad toda no ha tenido piedad. Si bien han fallecido más hombres, para las mujeres las cosas están ahora mucho más complicadas que, quizás, para nuestras abuelas.
Las menores han pasado uno de los años más importantes para su desarrollo, encerradas. La escuela dejó de ser espacio propicio y estudiar se ha tornado en aburrimiento interminable. Independientemente de lo acertado o no del Aprende en Casa, la vida transcurrió entre cuatro paredes y sin las indispensables amigas y los, en ocasiones, molestos amigos. Además, casi en todos los hogares, ellas tuvieron que tomar la escoba y el recogedor, los zacates y los jabones y, en no pocas ocasiones, servir al padre y a los hermanos. Volver, volver, volver.
Las que ya estaban prometidas, más o menos medio millón de alborozadas y esperanzadas jóvenes, tuvieron que modificar sus planes y adaptarlos a “la sana distancia”, “los escasos invitados”, “los cubrebocas” y, si no, celebrar el acontecimiento en reuniones pequeñas o, de plano, sólo la pareja en el Registro Civil, sin mayor ceremonia. En cuanto a los divorcios, los datos son poco claros, pero en muchos estados han aumentado.
Embarazarse ha sido un calvario para muchas, adiós visita mensual para el control de la salud de la madre y del “producto”. Por eso, nada raro el incremento de 30% de la tasa de mortalidad materna. Los partos han vuelto a ser riesgosos para la vida de ella y de las y los bebés. Las cesáreas también han aumentado, aparentemente por motivos poco claros.
En este asunto de los embarazos, “las últimas estimaciones del Ejecutivo indican que entre 2020 y 2021 el número total de embarazos adolescentes sumarán los 191,948, cerca de 22,000 más de los esperados, lo que supone un aumento del 12% respecto a 2019. “El confinamiento aumenta la violencia sexual, familiar, eso está ahí”, dice Nadine Gasman (https://elpais.com/mexico/sociedad/2021-02-12/el-gobierno-calcula-que-lo...).
Para las que tenían empleo, entre el incremento de las tareas de cuidado de hijas, hijos, padres, enfermas, enfermos, personas con alguna discapacidad, las tareas educativas y el despido, hoy ya no cuentan con ese importante pilar de autonomía ni de los ingresos para mejorar tanto la alimentación como el disfrute personal y de la familia. Las que aún conservan su trabajo, han visto disminuido su salario, tienen que trabajar doble en casa o arriesgan la vida al salir para cumplir con sus obligaciones.
Y la pandemia de la violencia no cesa. Empeoró para las que ya vivían episodios traumáticos en su casa, para las chavitas mediante las redes sociales, para las que salen a trabajar, para las que trabajan en casa. Las llamadas de auxilio han crecido exponencialmente, los refugios están saturados, los feminicidios siguen y siguen. Denunciar es muy complicado y en situación de pandemia mucho más.
El día que reabran las escuelas, la mayoría de quienes aún están con posibilidades de asistir lo harán con una enorme alegría. La escuela les significará la liberación de las cuatro paredes, el reencuentro con amigas y amigos, las travesuras, los juegos y, quizá, aprender de la manera en que antes lo hacían. Será muy importante escuchar cuáles son sus sueños, sus proyectos, para apoyarlos y estar con ellas y ellos en estos procesos tan complejos. Un propósito que hay que sostener, impulsar y mejorar: NO a la violencia contra las niñas, contra las mujeres.
#UnVioladorNoSeráGobernador
