Hilar fino
Cuando la hilaza se nos resista, hagamos un alto y respiremos profundo con nuestra sombra sentada en las rodillas. Aceptemos y amemos al silencio y la soledad de vez en cuando. Cavilemos despacito sobre las puntadas que nos han hecho tropezar con nuestros secretos.
Por y para Polly
Elegir los hilos: rosa y azul claro, lo que resulta en lila feminista. Pasarlos juntos por el ojo de la aguja-sociedad y clavarlos al centro del presente. Con esta hebra comprometida con su tarea, bordar la igualdad, hacerlo con la serenidad que requieren trascendencia, transformación y transversalidad del cometido. Remarcar trans, decididas a no perder la sonrisa y de la mano de necesidades especiales.
Con fibra del color de la tierra, emparejar la puntada con la anterior para lograr la puntada madre. Estamos trazando el camino directo al entendimiento. Hay que mantener mano firme, oídos atentos y ojos bien abiertos. Sabemos que hilar fino requiere actuar y reflexionar con cuidado y sutileza. Indispensable, escuchar los susurros de las chiquitinas y chiquitines. Mirar y tasar las palabras ancestrales que hablan de libertad, vínculos de valores éticos, respeto y solidaridad. Bailemos con los ritmos poco apacibles del Son de la Negra y sumémoslas.
Hagamos millones de cadenetas de amistad femenina, fortalezcamos la autonomía entre mujeres libres, con hilos invisibles de afecto y admiración. Con el gris malva de las flores, recordemos a nuestras queridas brujas y trencemos el cuidado y el aprecio por sus saberes y su ejemplar valentía. Desde el mar, nos trajeron la buenaventura del paro de mujeres.
Todo debe estar redondeado de hilos rojos de amor por nosotras mismas, por el orgullo de sabernos capaces y poderosas, pues las letras nos entraron con sueños y por ellos, sabemos hablar de la magia, del misterio y de lo maravilloso. Como el punto de tallo, que requiere de la colaboración de cinco hilos para salir horizontalmente de la puntada anterior. El hilo rojo puede enredarse, estirarse, tensarse o desgastarse… pero nunca romperse.
No debemos olvidar el punto lanzado, que se traza de izquierda a derecha, insertando la aguja-sociedad de forma oblicua, de arriba a abajo, de manera que los puntos converjan en el centro, formando un arcoíris. Fundamental para avanzar en relaciones de encuentro, cuidado, atención, sostén. O sea, prácticas de amistad para consolidar comunidades y familias diversas y convexas. O si se prefiere, cóncavas, al fin que en gustos se rompen géneros de cualquier tipo y clase.
Cuando la hilaza se nos resista, hagamos un alto y respiremos profundo con nuestra sombra sentada en las rodillas. Aceptemos y amemos al silencio y la soledad de vez en cuando. Cavilemos despacito sobre las puntadas que nos han hecho tropezar con nuestros secretos. Dejemos desenrollarse el hilo y sintamos cómo el paso de los fracasos puede darnos múltiples ejemplos de cordura. Acompañemos con música adecuada para viajar alrededor de nuestros ayeres.
Llevamos ya muchísimos puntos de cruz rosa, que nos han arrancado lágrimas dolorosas, colmado de rabia ante la injusticia, pero nos dan el coraje para levantarnos y continuar bordando una buena vida para todas y todos. Ni una más. Tiempo de dar el punto al pasado, que se hace siempre con un mismo movimiento simple de derecha a izquierda mediante puntadas verticales de la altura indicada por nuestro corazón. Por todas ellas, cantemos y bailemos, pues sabemos que llegarán tiempos mejores.
Cuando suene la hora de rematar iremos entrelazando el final del hilo entre las puntadas cercanas que vemos por el revés de la tela. Luego, enhebraremos la aguja-sociedad con los hilos que quedan a la espera de ser llamados y también los entrelazaremos a puntadas cercanas. Que nadie quede fuera. Unides todes, diremos: Es el tiempo de las mujeres insumisas. El hilo conductor de este textil es la necesidad. Hilanderas somos de rayos de luna, entretenidas en contar las estrellas. Hoy, nos urge una presidenta, pero insumisa.
¿Y sobre la explotación infantil en escuelas?
