Buscar a la mujer

Las autoridades hoy, ¿confundidas?, promueven una campaña para que ellas denuncien y la pregunta es ¿por qué no, además, y, en primer lugar, señalar a los hombres, exigirles respeto, educarlos en civilidad?

En la novela Los mohicanos en París (1854), Alexandre Dumas (padre), escribió esa frase que se convirtió en la varita mágica para resolver cualquier entuerto en el oficio de escritor. Siempre habría una mujer a quien culpar, ya sea de un fraude, de un robo, de un asesinato. Hasta parece inspiración cristiana eso de culpar a la mujer de todos los males.

La UNAM está pasando por una muy complicada situación, y sí, por las mujeres. Por primera vez desde que fueron admitidas, ellas se han organizado para poner límites a ciertas conductas masculinas: acoso, hostigamiento y complicidad de autoridades con los perpetradores. Delitos que se ejecutan desde esa masculinidad hegemónica, que usa y abusa de sus “privilegios” y desdeña el sufrimiento y el dolor causado a las jóvenes. Las autoridades hoy, ¿confundidas?, promueven una campaña para que ellas denuncien y la pregunta es ¿por qué no, además, y, en primer lugar, señalar a los hombres, exigirles respeto, educarlos en civilidad?

Importa subrayar la capacidad de organización de las mujeres, posible sólo porque hace años fueron capaces de romper el cerco que las encerraba en el hogar, donde también, desde entonces y hasta hoy, han sido acosadas, hostigadas, violentadas y silenciadas. Y todo eso, por el silencio obligado, aún persiste en ese ámbito desde la ley, pues impide a menores de edad denunciar esos delitos. Posible porque las feministas nombraron y evidenciaron la violencia y difundieron sus hallazgos y el Instituto Politécnico Nacional elaboró una herramienta didáctica: el violentómetro.

Buscar a la mujer, consigna que, interpretada desde otro ángulo, permite ver las múltiples desigualdades que vivimos. Un anuncio de la sociedad de autores y compositores afirma que su trabajo es honesto y por ello merecen un salario. Si buscamos a la mujer en el trabajo, toparemos con que más del 50% es “económicamente inactivas” o sea, dedicadas a las tareas del hogar. Entonces ¿el trabajo de las amas de casa, ¿no es también honesto y por ello, merecería un salario?

Esta semana se cumplieron 75 años de la liberación del campo de exterminio de Auschwitz y los relatos masculinos han “silenciado” los de las mujeres, a pesar de que, Daniela Padoan “apunta que entre el 60 y el 70% de los exterminados en Auschwitz fueron mujeres y niños”. Una nota más: las primeras personas en ser transportadas en tren a un campo de concentración fueron 999 judías jóvenes. Al pasar el tiempo, la historia sustituyó a las 999 mujeres por 43 hombres, como si hubieran sido los primeros en arribar al horror.

Ha sido tradición del poder en México que cuando hay que abrir espacio a un amigo se pida la renuncia a una mujer. Siempre se le ve y se le busca por ser la “parte débil” de las cadenas de poder y la menos cercana a los afectos del grupo (de hombres) poderosos. También, y lo recordamos con enojo, buscaron a la mujer para asumir candidaturas que luego de ganar, ellas renunciaron para dejar el cargo obtenido a los hombres, burlando la ley y los avances democráticos. Y esta deleznable práctica, sigue vigente.

Algunas historiadoras se afanan buscando a la mujer que participó en la Independencia, a la que lo hizo en la Revolución, a la que marcó el rumbo en éste o aquel lugar y la sorpresa es que en todos los eventos y en todos los puntos cardinales fueron no sólo una, sino muchas, a las que no consideraron como protagonistas.

Buscar a la mujer en la ciencia nos conduce, directo y sin tropiezo, a la medicina y entonces, hasta escalofríos da recordar el por qué dejaron de ejercer esa profesión. La cacería de brujas, real y cruenta. Dice Estefanía Castañeda: “El Malleus Maleficarum o el martillo para golpear a las brujas y sus herejías con poderosa maza, es un libro de 1486 que contribuyó a inventar la brujería como herejía y justificar la violencia contra las mujeres”. Silvia Federeci: “Una de las razones por las cuales la matanza de mujeres en la hoguera permaneció como un suceso menor, fue porque los estudiosos de este fenómeno eran casi exclusivamente hombres”.

Y si seguimos buscando a la mujer, podemos estar de acuerdo con Virginia Woolf: en la historia de la literatura, “anónimo” fue una mujer.

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