Algunas reflexiones
La reconstrucción de las zonas dañadas por los sismos obliga a planear rápida y cuidadosamente el proceso. No olvidemos que el tema abarca desde lo íntimo, lo personal, lo familiar, lo comunitario, lo estatal y, por ende, lo nacional
Desde las y los sujetos, requerimos un periodo de duelo, no necesariamente el decretado como luto nacional. Importante, pero cada quien vive un proceso distinto. No es lo mismo para quienes perdieron a un ser querido, que para quienes sabemos y sentimos empatía con su dolor, pero todas y todos debemos honrar su memoria. Requerimos contención efectiva de las múltiples emociones desatadas en cada persona.
Reflexionar para cambiar, reasegurar o suavizar ciertas características de nuestra peculiar forma de ser. Revisar nuestras fantasías, nuestros amores y desamores y decidir qué hacer con aquello que es inútil, estorboso y no permite nuestro desarrollo, como el creernos invulnerables, o esa mentalidad de “yo puedo solo/a”. Reconocer que cada una, cada uno, necesitamos de las y los demás. Aprender, desde ahí, a construir vínculos y a fortalecer los que ya tenemos.
En lo familiar, sí, hacer caso a las enseñanzas: desde buscar los sitios seguros en cada casa, hasta la comunicación fluida, en todos sentidos, no sólo chats, con hijas, hijos, padres, madres, hermanos, hermanas. Continuar con el apoyo a quienes perdieron algo significativo para continuar su vida, sean o no familiares.
Datos dolorosos dan alguna luz: 186 personas fallecidas en la Ciudad de México, 122 mujeres, 66%, y el resto, 61, hombres. Esta es una pista para deducir que, en la mayoría de los edificios habitacionales colapsados, estaban mujeres, que, como indican las cifras de la encuesta de mujeres y hombres en México, 40% de las mayores de 15 años se dedican a labores del hogar, ya sea como amas de casa o como empleadas domésticas, y, por ello, eran quienes a la 1:15 p.m. estaban en esos edificios.
Triste y desesperante saber que esas empleadas domésticas siguen sin derechos y, según datos de ENOE 2017, tienen una edad promedio de 42.1 años. El 46.3% de ellas tiene tres o más hijos; 29.4% tiene entre uno y dos y una cuarta parte de ellas no tiene hijos. Ojalá sus hijas e hijos tengan el seguro para jefas de familia que ha difundido Sedesol. Sería lo único que dejarían a sus hijas/os para enfrentar el futuro.
La mayoría de los hombres fallecidos estaban trabajando en el edificio de Álvaro Obregón 286 o en edificios habitacionales, en los que, contra los reglamentos, se instalaron oficinas o empresas. De sus derechos, habría que revisar sus contratos. Algunos más, serían jubilados, mayores de 60 años.
Para la reconstrucción de viviendas, estos datos son importantísimos. Reconocer la necesidad de gestionar y diseñar espacios seguros para las amas de casa y las empleadas domésticas, donde las cocinas y los espacios para lavar y secar la ropa no pongan en riesgo sus vidas. Olvidar esas peligrosas escaleras de caracol y diseñar salidas de emergencia seguras para ellas, las y los niños y las personas de la tercera edad. Asimismo, para las familias con integrantes que tienen alguna discapacidad, habría que diseñarlas adecuadas para cada caso.
La creación de redes de vecinas y vecinos, de organizaciones civiles con causas específicas y otras formas de generar solidaridad entre las personas que integran una comunidad han demostrado ser una fuerza que impulsa la innovación y la defensa de derechos. Hay que aprovechar esta energía, mayoritariamente juvenil, para modificar el aislamiento y la “apatía social”. Ejemplo de ello, Estefanía Guzmán, de 24 años, quien desde Satélite y con su familia, no ha parado de organizar y brindar apoyo en la Condesa.
A los medios de comunicación, que intenten llegar a todos los lugares y comunidades, dejando de privilegiar zonas de la CDMX. A los gobiernos estatales y federal, hay que exigirles transparencia en la distribución de los recursos y prudencia, mucha prudencia. Debieran dejar de intentar dar clases de fortaleza y que sólo hagan con eficiencia lo que les mandata la ley.
