La inverosímil afirmación de Nicolás Maduro el jueves, ante los tribunales de Nueva York, declarándose inocente de conspiración para cometer torturas durante los años en que detentó el poder en Venezuela, sirvió al menos para desenterrar testimonios, como éste, recogido por la ONU: “Una persona homosexual detenida en la prisión de Tocuyito entre agosto y septiembre de 2024, fue desnudado y violado analmente 25 minutos por un comandante. Mientras era golpeado y sometido a insultos feminizantes, una funcionaria grababa la agresión en presencia de otros custodios”. Los registros sobre tortura durante el madurismo están plagados de palizas sistemáticas y descargas eléctricas en espacios diseñados para ello; violaciones, rifles introducidos en las vaginas, obligación de presenciar abusos a seres queridos, asfixias con bolsas de plástico rellenas de irritantes… El manual de las prácticas planificadas y masivas de las dictaduras. Dos veces en la semana, la presidenta Sheinbaum refirió torturas cometidas por las autoridades de Jalisco tras la detención de 39 jóvenes en las protestas de Guadalajara. Su gobierno y la CNDH informan, sin embargo, que apenas investigan los hechos. Habría que esperar entonces las conclusiones para discernir si se trató de tortura o de un ocasional uso excesivo de la fuerza: reprobable, pero no es lo mismo. Creo que, por edad y formación política, la Presidenta entiende bien esa diferencia. Como sea, ojalá la violenta policía de Jalisco haya aprendido la lección y cumpla los protocolos hoy que los manifestantes regresen a las calles de Guadalajara.
