Ante los suyos, la presidenta Sheinbaum expresó con vehemencia lo que, desde el 29 de abril, se había cuidado de no decirle con rotundidad a Washington: “Hay que tenerlo claro: vienen por unos, luego por otros, hasta que el Departamento de Justicia se vuelva el principal elector de México; eso no lo podemos permitir”. Apuntalado en una plaza repleta de morenistas, el gobierno mexicano le hizo saber al de Estados Unidos que ya basta de injerencia y tensión. Es cierto que el mensaje de confrontación dejó abierta la puerta de que se podría entregar a quien sea, siempre que existan pruebas suficientes de los supuestos delitos. Pero ¿quién determinará la suficiencia de las pruebas? ¿Palacio Nacional? ¿La FGR? El mensaje, como sea, fue lanzado, con el añadido de que acusaciones como las formuladas contra los diez de Sinaloa tendrían un fondo de intervencionismo electoral: no se les persigue por sus lazos con los criminales; lo que se buscaría sería debilitar a la 4T. Primero vinieron por el compañero Rocha y no cedimos, pareció ser el grito brechtiano de la jornada. Tampoco cederemos si mañana deciden venir por los compañeros Américo, Durazo, López Beltrán, López Obrador o cualquier otro. Pinches gringos, go home.
