Han estado ahí cada día del año y medio de guerra y desmoronamiento. Es admirable la calidad de su trabajo y, desde luego, su valor; pero creo que lo más sobresaliente en ellos es su discreción profesional.
No hay héroes entre los periodistas de Sinaloa. Han perfeccionado el método de registrar los acontecimientos sin correr riesgos temerarios. Manejan con solvencia de sobrevivientes el procesamiento de la información. Y la difunden con pulcritud, sin perder la contundencia. Son extraordinarios. No sólo los editores y reporteros de los principales diarios y revistas de la entidad, o los compañeros entrañables, como Jesús Bustamante, Felícitos Trujillo, José Luis Echeagaray o Marcos Vizcarra. Me refiero también a los muchos que contaron la historia reciente de Culiacán, Mazatlán, Badiraguato; de las carreteras y las sierras; las acometidas y los repliegues, los muertos y los desaparecidos.
En el Informe Anual 2026 que presentará hoy Artículo 19 se detalla que tres periodistas sobrevivieron a disparos directos mientras cubrían notas en el estado, aunque “es posible que ya no se reporten públicamente las agresiones”.
Discreción profesional, cero temeridades absurdas. Toda una lección de cómo contar las historias que forman la gran Historia. El trabajo que han hecho es invaluable. Gracias a los periodistas de Sinaloa.
