Extraña fue la forma en que procedió ayer la FGR con la gobernadora Maru Campos. Tres días después de la resonante gira de la chihuahuense por la Ciudad de México, la FGR le notificó, en sábado que el miércoles deberá presentarse en la capital de la República a declarar, en calidad de testigo, por los “hechos que se investigan en una indagatoria”.
Cabe suponer que esos hechos tienen relación con el narcolaboratorio, la CIA, la supuesta violación a la Ley de Seguridad Nacional y el supuesto ejercicio indebido de funciones. De ser así, repetiría lo que ha dicho en abundancia: que no sabía ni autorizó nada. La FGR podría darle las gracias por participar y no molestarla más. O podría presentar pruebas para intentar que se le vincule a proceso.
Sería un juicio apasionante, sobre todo si el embajador de Estados Unidos —renunciando a la inmunidad diplomática— expusiera las pruebas de descargo. Qué gran espectáculo le están armando a la gobernadora de Chihuahua: un show difícil de imaginar sin el VoBo de Palacio Nacional.
Maru Campos tiene fuero y puede solicitar comparecer por escrito. O puede volver a hacer el equipaje de mano y regresar a la Ciudad de México para seguir capitalizando la acusación de un régimen que supone que ella se atrevió a operar con Washington en el combate a los criminales. Desde la narrativa épica, tendría que venir y dejar que corra la rueda.
Maru Campos y los suyos deben saber bien que el régimen de la 4T no aguantaría —ni dentro ni fuera del país— un minuto con ella en la cárcel.
