A nadie parece importarle la 30 Cumbre Iberoamericana, que se celebrará hoy y mañana en Madrid y congregará apenas a un puñado de jefes de Estado. España buscó aprovechar el aniversario para resucitar la vieja utopía de una Iberoamérica afín. Fracasó. Lo único que liga a Madrid con la Cumbre es una bella muestra al aire libre en el Paseo de Recoletos, con fotografías que el artista argentino Daniel Mordzinski tomó a un centenar de escritores: Vargas Llosa, García Márquez, Paz, Cela, Cercas, Belli, Gelman, Pérez-Reverte, Bolaño, Piñon, Villoro, Montero. No vendrán Lula, Sheinbaum, De la Espriella, Keiko. Ni Delcy Rodríguez. Ni Díaz-Canel. Será acaso el evento del maltrecho Pedro Sánchez y de quien ya hace dos semanas vino a agredirlo: Milei. Como reportero hice la crónica de la Primera Cumbre, la de julio de 1991 en el Hospicio Cabañas de Guadalajara. Vi pasar a mi lado al secretario general de la ONU, el peruano Javier Pérez de Cuéllar; al rey Juan Carlos, a Felipe González, Fidel Castro, Patricio Aylwin (recién caído Pinochet), Violeta Chamorro, Carlos Andrés Pérez; a Fujimori, Menem, Salinas, Collor de Mello, Gaviria. La Cumbre en que unos y otros se comprometieron, en prometedora concordia, a darle vigencia al derecho internacional, transformar el desarrollo económico y social e impulsar la educación y la cultura. Y miren hoy, 35 años después. ¿A quién le importa Iberoamérica?
