Monreal y la gran farsa judicial

Uso la palabra farsa en sentido estricto: una acción realizada para fingir o aparentar. Aunque también en el sentido del teatro antiguo: la farsa es una compañía de farsantes.

Con el talento acomodaticio que lo caracteriza desde que la 4T le volvió a abrir las puertas, el líder de los diputados de Morena, Ricardo Monreal, dijo ayer a los consejeros del INE que ve bien el aplazamiento de la elección judicial.

¡No se planeó con esmero una primera elección en 2025 para remover la mitad de la suciedad y una segunda en 2027 para concluir la tarea! ¡No era urgente limpiar la podredumbre!

Monreal —y parece que la 4T en pleno— abraza ahora aplazar la segunda elección hasta 2028 por dos razones: evitar la concurrencia con los comicios federales, de gobernadores y alcaldes —apenas hoy descubren el empalme— y modificar las reglas a fin de que no se reediten los acordeones. Es decir, 50% de los nuevos jueces y magistrados habrían sido beneficiado por la tramposa operación de los acordeones, pero el otro 50% ya no lo hará—.

Ese es el tamaño de la impostura. No importa, entonces, que los millones de casos que se procesan en un año sigan en manos podridas. Que se jodan las víctimas, los acusadores y los acusados. Total, un año no es tanto en la dimensión de la reforma purificadora.

Cuánta improvisación y cuánta mentira en la farsa que millones de mexicanos están obligados a sufrir en serio.