La crónica del país roto

Era un miércoles para presumir. Pero terminó siendo un día más en la crónica que no hemos podido dejar de escribir. La del país roto. Temprano supimos que el martes se habían registrado 21 homicidios dolosos en México, la cifra más baja en los ocho años de gobierno de la 4T. No llegaba la tarde cuando la noticia de esa estadística quedó sepultada por la ejecución de Valentín Lavín Romero, alcalde de Temoac, municipio de 7 mil habitantes en el peligroso oriente de Morelos. Dos hombres bajaron de una motocicleta sin quitarse los cascos, entraron al ayuntamiento y ultimaron a Valentín, quien apenas en enero había sobrevivido a un ataque a balazos. Lo querían matar. Lo mataron. Nadie pudo hacer nada por él. Recordé una crónica que escribí 31 años atrás sobre la banda de Apolo Bernabé Ríos, El Azote de Amilcingo —un poblado de Temoac—. “Después de que mató a mi marido, me fue a decir que ya nomás le faltaba uno para completar los cien”, me contó entonces una de las ocho viudas de Amilcingo, las ocho mujeres cuyos esposos fueron asesinados por la banda de Apolo. Regreso al miércoles. Nos enteramos también de que, en San Pablo Etla, Oaxaca, ejecutaron al periodista Francisco Alejandro Leyva. Desayunaba cerca de su casa. Nadie pudo hacer nada por él tampoco. Aunque las cifras marquen récords excepcionales, la crónica sigue escribiéndose con asesinatos.