Cuando nos asombrábamos y polemizábamos sobre la inverosímil lista de periodistas de la Presidencia de la República y la visa de Andrés Manuel López Beltrán, un par de noticias pasaban inadvertidas. El jueves 13, las cifras preliminares del gobierno marcaron el punto más bajo de homicidios dolosos desde que hay registros: 20 ese día. Por más que se ponga en duda la alimentación de esa estadística, me sigue pareciendo necio rechazar, porque sí, los números sobre los que tanto hablamos y escribimos cuando rondaban los 100 homicidios diarios. Comprendo el escepticismo sobre los ministerios públicos de distintas entidades y la eventual reclasificación de ciertos delitos. Pero el descenso me parece notable. Ayer, también, el dólar interbancario cerró en 17 pesos. No está de más recordar que, en enero de 2025, hace 19 meses, horas antes de que Trump asumiera la presidencia de Estados Unidos, la cotización se disparó a 20.80. A finales de año, sin embargo, el dólar se vendía por debajo de los 18 pesos. Se dijo que era un espejismo insostenible, ficticio. Algo, no obstante, se debe estar haciendo bien en México, porque son ya años con un cómodo, muy buen tipo de cambio. El superpeso prevalece incluso en los tiempos en que los francotiradores de Washington apuntan al gobierno y a las exportaciones mexicanas las 24 horas del día.
