Sueño de una noche de verano

Me imagino de canciller y elaboro otra respuesta al arancel del 5% a las exportaciones mexicanas: “México no negocia mientras se le apunta con una pistola. Si usted quiere, dispare, presidente Trump”. ¡Qué bueno que no soy canciller!

“México es un Estado soberano. Toma decisiones soberanas en materia de migración y continuará tomando decisiones soberanas sobre migración", leo con una sonrisa que el canciller Marcelo Ebrard le responde así al presidente Donald Trump cuando éste amenaza con imponer un arancel del 5% a las exportaciones mexicanas a Estados Unidos, arancel que escalará otro tanto cada mes.

Me imagino de canciller y elaboro otra respuesta: “México no negocia mientras se le apunta con una pistola. Si usted quiere, dispare, presidente Trump”. ¡Qué bueno que no soy canciller! Esta respuesta es irresponsablemente retadora. Pero pienso: ¿Dispararía Trump o tendría razón Nancy Pelosi, la líder de la mayoría demócrata en la Cámara de Representantes, quien calificó la amenaza de Trump como un bluff? Me engolosino anticipando un episodio David contra Goliat, pero ahora con una mujer a lo Megan Rapinoe: “Soto a Trump: decreta tu 5 por ciento”. No, demasiado provocador. Mejor: “Una mujer se atreve a poner en su lugar a Trump”. Y el Financial Times: “Mexican Foreign Minister challenges Trump”. Me siento súper empoderada. Me pasan tarjetas urgentes mis asistentes por el WhatsApp y se me baja la emoción: los empresarios están aterrados. Que me modere. Atiendo su sugerencia y quito lo de “dispare”. En un ejercicio de sinceridad (a veces hay que hacerlos) debo reconocer que es mejor la respuesta de Ebrard que la mía. Pobre, desde que la reforma constitucional de la #ParidadEnTodo se concretó, tuvo que cederme el puesto, pues en el gabinete hay 11 hombres y sólo ocho mujeres.

En cuanto el presidente Donald Trump, publicó su tuit furioso por el creciente flujo de migrantes centroamericanos que solicitan asilo en Estados Unidos, el presidente convocó a una reunión urgente del gabinete experto en comercio y migración. La verdad llegaron muy poquitos porque expertos, lo que se dice expertos, no hay ninguno en el primer círculo. La secretaria de Economía, mujer muy estudiosa y seria en su trabajo, es relativamente nueva en el área de negociaciones. Y yo, menos: a diferencia de Brasil, la Cancillería mexicana no lleva las negociaciones comerciales. El presidente López Obrador pregunta qué tan creíble es la amenaza del 5 por ciento. Silencio absoluto.

El Presidente se enoja y pregunta quiénes son los expertos y pide se les invite a Palacio Nacional. Antes de mandar a alguien a Washington quiere evaluar con cuidado y rigor todas las opciones que tiene México. El excanciller Ebrard, invitado también, informa que en la frontera sur hay un verdadero caos migratorio, consecuencia no deseada del abordaje humanitario que la nueva administración quiso dar a la migración centroamericana. Desafortunadamente, se interpretó como una invitación generalizada  para cruzar el Suchiate.

En unas cuantas horas, llegan los expertos: experimentados negociadores tanto del sector público como privado. Todos pasaron por el TLCAN, por el tratado con la Unión Europea, por el difícil tratado con Japón, por la Alianza del Pacífico,  representantes ante la OMC, etc. El Presidente los recibe amable, seguro de su carácter de patriotas, evita la palabra “neoliberalismo” y les pregunta: ¿Qué tan creíble es la amenaza del 5% y qué consecuencias tendría su imposición? En minutos se evidencian dos bandos, ambos con argumentos de peso. Uno que plantea que hay que ceder e impedir la imposición del arancel. La señal que enviaría a los mercados sería terrible. “Muchas piezas cruzan la frontera hasta siete veces, podría ser un arancel real del 35 por ciento”.

Otro bando analiza fríamente las opciones. “El arancel no se puede implementar con facilidad, tardaría semanas en ponerse en marcha. Ese periodo nos da tiempo para movilizar a los senadores, congresistas, así como las cámaras empresariales, que se verían afectadas por el arancel e interpondrían juicios contra la medida. Y calmar a los inversionistas. Interviene Ebrard: “Ambas opciones implican riesgos, pero si cedemos, Trump aprovecharía cada escollo en su campaña y en su popularidad para golpear a México, ya sea con más aranceles o redadas masivas contra los migrantes. Resistamos, pero hay que tender un puente de plata a Trump”. El excanciller acaba de leer la respuesta del ministro de Finanzas francés, Bruno Le Maire, a Robert Lighthizer, quien vierte amenazas contra el impuesto a las grandes compañías digitales aprobado por la Asamblea y el Senado franceses: “Francia es un estado soberano. Toma decisiones soberanas en materia de impuestos y las seguirá tomando”. Sugiere responder mesuradamente en el mismo sentido, agregando que entre aliados es mejor negociar. El Presidente aprueba. Y me despierto.

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