Éste no es un artículo sobre la práctica —hecha pública por el caso de Gisèle Pelicot en Francia— de drogar a las esposas para violarlas y filmarlas o incluso ofrecerlas vía internet o no sólo sobre eso. Es sobre todo un homenaje al periodismo y a los y las periodistas que siguen pistas, investigan, se disfrazan física o digitalmente para descubrir y exhibir redes construidas para delinquir, protegidas por el silencio y la complicidad. Y sobre el efecto benéfico de hacer públicos esos descubrimientos.
Después de que se dio a conocer el caso de Gisèle Pelicot y que las organizaciones feministas y la prensa francesa y mundial siguieron paso a paso el juicio de Dominique Pelicot y de los 49 coacusados, se han descubierto, por lo menos, tres casos más. El de Philip Young, en Wiltshire, Reino Unido, quien durante 13 años drogó y violó a su mujer, la ofreció a otros, distribuyendo videos y fotografías. Periodistas alemanas descubrieron otros dos casos semejantes: esposos que durante 14 y 15 años, respectivamente, drogaron, violaron, fotografiaron y buscaron “monetizar” el material gráfico obtenido. A 20 dólares la vista del clip. Uno de los culpables, de Hamburgo, murió antes de que se le pudiera juzgar. Otro, está siendo juzgado en Aachen.
Cinco periodistas —cuatro mujeres y un hombre— de CNN han revelado el pasado 26 de marzo una investigación explosiva sobre chats en internet destinados a compartir información para llevar a cabo y mejorar la práctica de drogar a las esposas, violarlas, tomar video, etcétera, tal como en el sitio Coco, usado por el señor Pelicot. Las periodistas lograron suscribirse a uno o varios de los sitios para conversar (chatear) haciéndose pasar como hombres interesados en intercambiar información sobre los mejores somníferos para dormir a una mujer. Cuánto dura el efecto en la sangre, información importante para evitar que sea detectado en un examen de sangre. Cuánto tarda en hacer efecto: que sea rápido. Qué efectos secundarios pueden tener para impedir que sea descubierto por la víctima.
Uno de los sitios descubiertos tiene mil usuarios, pero recibe hasta 50 mil visitas. Otro, con 62 millones de visitas por mes, un sitio de pornografía con el lema “archivos libres de moral mientras sean legales” (¡!) clasifica en distintas comunidades los contenidos que le comparten. Por ejemplo, la comunidad “sleep porn” (porno/dormida) tiene dos # muy solicitados: #passedout (desmayada) y #eyecheck (checa los ojos), con videos de cómo levantar los párpados de la víctima para verificar que realmente está inconsciente.
El reportaje logra dar con tres víctimas que lograron demandar a sus parejas (uno se suicidó antes de que iniciara el juicio) y que todavía bregan con la sorpresa brutal de descubrir que era en tu propia casa en donde estaba el mayor peligro.
Los casos documentados hablan de hasta 15 años de violación mediante el uso de sedantes. No se trata de prácticas sexuales violentas con una trabajadora sexual (injustificables también) o una violación a una desconocida o alguien cercana, en México, aproximadamente 22 mil casos al año, cifra con un gran subregistro. En los casos que atañen a la investigación realizada por CNN se trata exclusivamente de esposas. Dejo a especialistas dilucidar qué resorte puede motivar a un esposo a drogar y violar a su mujer, compartir las imágenes, cobrar por ellas o incluso invitar a desconocidos a repetir la experiencia mientras se les filma.
Lo que sí creo es que la difusión casi sin límites de pornografía dura, facilitada por las redes sociales, ha tenido un impacto decisivo en esta epidemia. Las plataformas de internet juran y perjuran tener moderadores de contenido y creen que con eso se lavan las conciencias. No es así. La perversidad le ha ganado al algoritmo moderador y los dueños de las plataformas lo toleran. Una cosa es alojar contenido sexual para adultos y muy otra promover y difundir métodos para noquear mediante químicos a una mujer para violentarla. La idea profunda, tatuada y cincelada en forma indeleble en la psique de millones de hombres, de la mujer como pertenencia, como objeto sexual sin vida y voluntades propias, es una herencia que se ha mostrado resistente a los cambios y en especial al empoderamiento de las mujeres.
Por ello, no exageramos cuando insistimos una y otra vez en iniciativas y manifestaciones en contra de la violencia contra las mujeres y las niñas. Es una realidad cotidiana de la que hay que liberar a las calles, las ciudades y los hogares de México. Gracias, CNN, por tu reportaje.
