Abraham Lincoln y Ucrania

Hoy hay un conflicto que separa a los antiimperialistas de los colonialistas; a los demócratas de los aprendices de dictadores; a los y las valientes de quienes se doblan ante el poder; a los y las que creen en la igualdad entre hombres y mujeres del mundo, de quienes ...

Hoy hay un conflicto que separa a los antiimperialistas de los colonialistas; a los demócratas de los aprendices de dictadores; a los y las valientes de quienes se doblan ante el poder; a los y las que creen en la igualdad entre hombres y mujeres del mundo, de quienes creen en la necesidad de la existencia de tiranos; de los y las que toman partido, “partido hasta mancharse”, de quienes “lavándose las manos se desentienden y evaden”*. Separa también a quien se pone instintivamente del lado de los débiles, de los pequeños, de la verdad, de quien se deslumbra con la retórica y las armas del poderoso. 

Ese conflicto es la invasión de Rusia contra Ucrania. Una potencia nuclear de 144 millones de habitantes, con un ejército de 900 mil soldados activos y 2 millones de reservistas que invade un país de 44 millones de habitantes, con un ejército cinco veces menor, e inventa una historia perversa como pretexto: que Ucrania está gobernada por nazis y que amenaza la existencia de Rusia. 

¿Quiénes pueden permanecer neutrales ante semejante injusticia? 

“Hasta hoy día considero la guerra que resultó como una de las más injustas jamás declarada por una nación poderosa contra una nación más débil”. Estas son palabras que se podrían referir a la tragedia infligida por Rusia contra una nación independiente y soberana como Ucrania, pero en realidad se refieren a la invasión de 1846-1848 de Estados Unidos contra México. En sus memorias, publicadas póstumamente en 1885, el general victorioso de la Unión y expresidente Ulises Grant, se refirió así a la guerra de conquista iniciada por el presidente James K. Polk, como “la guerra más injusta jamás declarada”. 

La condena a la guerra contra México fue una de las muchas coincidencias entre el presidente Abraham Lincoln y Grant, a quien Lincoln nombraría como jefe militar de la Unión contra los confederados. Lincoln no tenía dudas de qué lado estar en el conflicto bélico entre su país y México. Con apenas dos meses de haber tomado posesión como representante del séptimo distrito de Illinois, en el otoño de 1847, Lincoln cuestionó la legitimidad de los argumentos esgrimidos por el presidente Polk para justificar la guerra contra México. Como abogado y constitucionalista, el joven Lincoln argumentó entonces que correspondía al Congreso y no al Ejecutivo declarar una guerra. 

El 22 de diciembre de 1847, al tomar nuevamente la palabra en la Cámara de Representantes, propuso ocho resoluciones en las que cuestionaba las justificaciones de Polk. Se conocen como las Spot Resolutions (o “resoluciones de lugar”), pues Lincoln retaba a Polk a probar que “el lugar en el que sangre americana había sido derramada por soldados mexicanos estaba en territorio americano” y no como en realidad fue, en territorio mexicano. La última resolución retaba a Polk a negar que se había mandado al ejército a invadir México a pesar de las advertencias del general Zacarías Taylor de que la integridad de Texas no estaba amenazada. Cuando la Cámara de Representantes presentó una iniciativa para elogiar al general Zacarías Taylor por su labor en México, Lincoln respaldó la enmienda Ashmun que planteaba que la guerra era inconstitucional e innecesaria. 

 “La sangre de esta guerra, como la sangre de Abel, clama en el cielo” contra el presidente de Estados Unidos. Con frases como ésta, Lincoln participó el 12 de enero de 1948 con un largo discurso condenando la guerra, en especial cuestionando la idea del Destino Manifiesto de EU con el que se justificaban guerras tan injustas como la invasión a México. 

 En mucho se parece la invasión rusa a Ucrania a la invasión de Estados Unidos a México en 1846, que finalmente llevó a la pérdida de la mitad de nuestro territorio. Putin tampoco reconoce el derecho a Ucrania a existir y ser una nación democrática, más cercana a la Unión Europea que a la influencia rusa y desea anexarse partes significativas del territorio ucraniano. De la misma manera, varios congresistas americanos instaban a anexar “todo México”. A diferencia de Lincoln, el gigante, el actual huésped de Palacio Nacional opta por la neutralidad, opta por un pacifismo que sacrifica a Ucrania y por invocar a la Constitución para disfrazar su simpatía por Putin. El mandato constitucional se le olvida cuando interviene en política interna de los vecinos del norte al demandar que no se enjuicie a Julian Assange, interviene en Colombia al pedir el voto para Gustavo Petro, en España al protestar por el trato a Podemos. 

Pequeñeces cuando se compara lo que está en juego en Ucrania: la autodeterminación de una nación soberana frente a la invasión de un dictador. Qué vergüenza apoyarlo. 

*La poesía es un arma cargada de futuro, de Gabriel Zelaya. Para el artículo consulté varias fuentes, entre otras el ensayo de G.S. Boris publicado en 1974, Lincoln Opposition to the US-Mexican War. 

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