El Mundial y la cruda hotelera del día siguiente

“El Mundial de Futbol dejó ocupaciones hoteleras de 75-80%”, dijo Gabriela Cuevas, la representante del gobierno federal para ese evento; “ha superado todas las expectativas”, precisó Manola Zabalza, la secretaria de Desarrollo Económico de la Ciudad de México.

“El impacto económico en la hotelería de la capital fue igual a cero”, refiere en contraparte John McCarthy, socio de Leisure Partners, empresa que asesora y participa en los consejos de una decena de hoteles en la capital.

Su visión coincide con la de Francisco Medina, CEO de Grupo Hotelero Santa Fe, con hoteles en Guadalajara y Monterrey, y con la de Jaime Jaramillo, director de Operaciones de Grupo Brisas, que, además de establecimientos en la Ciudad de México, tiene un hotel en Monterrey.

Jorge Paoli, presidente de la Asociación Mexicana de Cadenas de Hoteles (AMCH), dijo a este espacio que las cifras finales se están recopilando y que se darán a conocer próximamente.

El 16 de julio, Deloitte presentará la conclusión de su estudio sobre el impacto económico que tuvo en el turismo este evento deportivo; pero los indicios no mienten.

Sería injusto hablar del Mundial como un evento turísticamente fallido para el país, si se omite lo que ganó la marca México en términos de promoción y exposición global.

Como escribió Alfonso Ballesteros, director general de Política Turística, de la Secretaría de Turismo (Sectur), en un artículo sobre el legado del Mundial:

“México ha demostrado tamaño y capacidad. Somos una potencia turística con cultura, destinos, conectividad, infraestructura, sector privado, hospitalidad y experiencia. Hemos demostrado consistencia para recibir mejor, coordinar mejor, proteger mejor y gobernar como se debe”.

También es cierto que la estrategia de los Fan Fest y las megapantallas contribuyó a que un país contrastante estuviera unido en torno a un equipo de futbol que demostró consistencia, dejó atrás complejos y perdió luchando hasta el último minuto.

Pero, en los pesos, la historia es distinta, los hoteleros compraron las cifras alegres de la FIFA y del gobierno federal y terminaron leyendo muy mal el momento.

McCarthy recordó una Junta de Consejo “muy desagradable”, en uno de los hoteles que asesora, pues cuando recomendó, meses antes del evento, que siguieran haciendo su trabajo de ventas habitual; el área de reveneu management respondió que ellos tenían su estrategia digital y que sabían perfectamente cuándo abrir la oferta para maximizar la ocupación y los ingresos.

Lo que pasó, aceptó Medina, fue que las empresas prohibieron a sus empleados viajar a la Ciudad de México en los días del Mundial, tampoco hubo congresos y convenciones y, además, la FIFA liberó los cuartos que tenía bloqueados.

En los días de los partidos, sobre todo de México, sí aumentó la ocupación y la tarifa y hubo ocupaciones 80% arriba, con precios del doble o más; pero después del día previo y posterior al partido, todo volvió a la normalidad.

Jaramillo puso el ejemplo del Hotel Galería Plaza de San Jerónimo, cerca del Estadio Ciudad de México, allí, los días de partido, las tarifas de 3 mil pesos subieron a más de 8 mil pesos por noche y hubo llenos; pero en el mes, por la falta de grupos, los ingresos quedaron muy abajo del presupuesto.

Por ello, para los hoteles, el impacto económico fue cero y curarse la cruda del Mundial necesitará algo más efectivo que una simple aspirina.