Ni los abogados de Delta ni los de Aeroméxico, la empresa liderada por Andrés Conesa, anticiparon que el jueves 20 de agosto la Corte de Apelaciones del Undécimo Circuito de Estados Unidos fallaría a favor de ambas aerolíneas.
Con ello, dejó sin efecto la orden del Departamento de Transporte de Estados Unidos (DOT), que lleva Sean Duffy, que había puesto fin a su acuerdo de colaboración y a su inmunidad antimonopolio.
La noticia fue positiva para ambas compañías, pues les otorga mayor certidumbre comercial a las decisiones que tomarán en el futuro de manera conjunta.
Sin embargo, esta decisión llega en un momento en que las autoridades aéreas de Estados Unidos mantienen a México bajo una revisión intensa que puede seguir complicando el transporte aéreo entre ambos países.
Además, American Airlines ha recortado 170 mil asientos y Alaska Airlines 240 mil en los últimos 12 meses, según los datos de la Official Airline Guide (OAG).
En particular para el mercado corporativo, el fallo de la Corte significa que estas dos firmas podrán darles mayor certeza a sus clientes, no sólo de que mantendrán, sino que de que, incluso, podrán aumentar su presencia y rutas en destinos relevantes.
De hecho, los mercados recibieron de forma positiva la noticia y el precio de las acciones de estas aerolíneas aumentaron el viernes entre 4.0 y 4.5%, lo que es reflejo de que el escenario se vuelve mejor para ellas.
El problema es que, como dijo coloquialmente un especialista consultado al respecto, la relación aérea entre México y Estados Unidos se han convertido en un “guiso de muchas cazuelas”, pues para anticipar cómo vendrá el año próximo hay otros factores muy importantes que deben ser tomados en cuenta.
El equipo legal de Aeroméxico y Delta demostró que no hubo una alianza monopólica y que incluso hay otros pactos más grandes que involucran a compañías como American respecto a varios países asiáticos.
También se probó que, en los últimos 10 años, la alianza entre Aeroméxico y Delta ha arrojado beneficios a los pasajeros, pues crecía la percepción de que las mayores recompensas eran para las aerolíneas.
Pero ello no necesariamente significa que aumentará el próximo año el número de asientos disponibles entre ambos países.
Allí está, por un lado, la revisión de la Administración Federal de Aviación de Estados Unidos (FAA), que en las siguientes siete semanas puede regresar a México a la Categoría 2 en seguridad aérea.
Si eso pasa, nuevamente México estaría imposibilitado a abrir nuevas rutas y frecuencias aéreas con Estados Unidos y ello puede pasar, aunque las autoridades mexicanas estén haciendo un buen trabajo respecto a varios requerimientos.
Además, está el conflicto entre el DOT y la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes (SCT), a cargo de Jesús Antonio Esteva, por las restricciones a los mercados de carga y pasajeros desde la Ciudad de México y el área metropolitana.
Finalmente, y no por ello al fondo de la lista, está la situación del elevado precio de la turbosina, uno de los principales insumos de la aviación, como consecuencia del conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán.
Lo que hay ahora es el reconocimiento de una Corte estadunidense de que en la alianza entre Aeroméxico y Delta no hubo prácticas monopólicas y que no sólo benefició a éstas, sino también a los pasajeros.
Sin embargo, la situación de la aviación entre México y Estados Unidos sigue siendo muy compleja.
