Violencia escolar (y III)
En todos los estados hay protocolos de seguridad, pero muchos docentes se quejan porqueles imponen tareas de vigilancia. Reconocen que es una obligación moral vigilar porel bienestar del alumnado, pero les restan horas a su trabajo pedagógico.
Y la violencia criminal no da tregua. Las cifras de asesinatos y desaparecidos crecen semana tras semana, como lo documentan con frecuencia articulistas de Excélsior y otros medios. En mis dos entregas anteriores consigné la violencia que se origina al interior de las escuelas y la que se reproduce desde el exterior, que no se puede abatir con la atención a las causas ni la recuperación de valores y principios, como pregonan los jefes de la Cuatroté. Sin embargo, no es por idealismo ni ignorancia de lo que sucede, la herencia de los abrazos y no balazos dejó una secuela que el gobierno de Claudia Sheinbaum Pardo no atina a frenar, aunque empiezan a emerger iniciativas locales para prevenir y castigar (al menos con sanciones) ciertos rasgos de esa brutalidad.
Annayancy Varas García, en su columna de ayer en El Financiero, apunta: “Las cifras que hoy se tienen con relación a la violencia y la población infantil son indignantes. Se calcula que 752 menores de edad tuvieron una muerte violenta en 2023. De esas muertes, se estima que 75 por ciento está relacionado con el crimen organizado”. Parece que tiende a normalizarse la situación, el asesinato de niñas, niños y adolescentes causa indignación, pero por poco tiempo. Tampoco causa cólera colectiva el asesinato de adultos, en especial si son mujeres. El Estado deja a las familias y a los grupos de buscadoras que se hagan cargo de encontrar a sus familiares desaparecidos.
Cierto, hay programas de prevención y protocolos que en algo mitigan la violencia dentro de las escuelas. Uno, que se puso en marcha en la primera década del siglo, Mochila Segura, rindió frutos, permitió que docentes y autoridades decomisaran armas blancas y hasta pistolas que alumnos (y también alumnas, aunque en menor número) querían introducir a las escuelas. Recuerdo que algunas plumas, que hoy halagan las políticas de la Cuatroté, criticaron con dureza a la entonces secretaria de Educación Pública, Josefina Vázquez Mota, porque exageraba unos cuantos hechos, decían.
Hoy varios estados renacieron ese programa. En otros, envían a policías a los alrededores de planteles escolares en zonas con altos índices de delincuencia. En todos hay protocolos de seguridad, pero muchos docentes se quejan porque les imponen tareas de vigilancia, más allá de su contrato laboral. Reconocen que es una obligación moral vigilar el bienestar del alumnado, pero les restan horas a su trabajo pedagógico. Ergo, es otra causa del bajo aprendizaje de los escolares.
Jonás López, en su nota de ayer en Excélsior, informó que la jefa de Gobierno, Clara Brugada, puso en marcha este lunes el programa Paz y Auxilio Escolar. Los servidores de Paz y Auxilio Escolar vestirán chalecos y gorras fosforescentes para que la comunidad escolar los ubique rápidamente. Serán vigilantes durante las salidas de clases. Son funcionarios de la Secretaría de Atención y Participación Ciudadana de la Ciudad de México que se prestaron como voluntarios para esa tarea, o acaso no tan voluntarios. En caso de detectar alguna emergencia, éstos se comunicarán con la Secretaría de Seguridad Ciudadana o el Escuadrón de Rescate y Urgencias Médicas o los juzgados cívicos. El gobierno local espera que pronto haya cobertura en cada escuela de la capital.
Quizá este programa y otros de varios estados siembren algo de esperanza. Pero, mientras subsista la impunidad, la violencia en las escuelas, los hogares y la sociedad, no habrá reposo ni tranquilidad en las familias. Las escuelas reproducen el miedo y la intranquilidad.
RETAZOS
Pasantes de medicina de Durango se manifestaron ayer. Rechazan ir a Sinaloa para hacer su servicio social por la violencia que se vive en esa entidad. “No tenemos miedo de ir, tenemos miedo de no volver”, dijo uno de los pasantes a la prensa local.
“La violencia nace en la casa y se reproduce en las escuelas”, afirmó el gobernador de Puebla, Alejandro Armenta Mier, al exhortar a padres y madres de familia a trabajar con autoridades educativas para prevenir casos de bullying o acoso escolar. ¿Nada más en los hogares nace la violencia escolar? Los miles de muertes que quedan impunes no cuentan para el gobernador.
