Primer día de clases a distancia

En términos generales, no siempre se respetan los tiempos, pero es una falla menor; se compensa porque pasan cápsulas “motivacionales”, como danza o deporte, incluso algunas de figuras de alto rendimiento y fama. Tampoco hay problemas en cuanto a la originalidad, no era de esperar grandes innovaciones en tan corto plazo; además, la SEP echó mano de su acervo de más de cuatro mil clases que Televisión Educativa produce desde hace décadas.

Pido perdón a los lectores por no enviar, como me comprometí hace una semana, el segundo artículo de la serie sobre las respuestas de la política educativa, pero la coyuntura es la esencia del trabajo periodístico. Además, nuestro director, Pascal Beltrán del Río, me motivó a elaborar esta pieza sobre el primer día de clases en un año extraordinario.

Me encargó ver programas y hacer juicios de valor sobre su calidad y pertinencia. Enganché a cuatro de mis asesoradas de posgrado en la Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco para que me apoyaran en la tarea. Dos de ellas, Alejandra Navarrete y Lucía Paredes, son maestras normalistas; Diana Espejel es sicóloga, pero también tiene experiencia de enseñar en primaria. Julieth Ríos es economista, ella nos suministra el ojo externo, es colombiana.

Ninguno tiene experiencia en análisis del discurso, pero nos pusimos de acuerdo en usar una rúbrica sencilla para analizar, al menos, un programa per cápita. Seleccionamos cuatro criterios: duración, contenido, originalidad y calidad de audio e imagen. No les adelanté mi opinión para dejar que fluyera su habilidad e imaginación.

En términos generales, no siempre se respetan los tiempos, pero es una falla menor; se compensa porque pasan cápsulas “motivacionales”, como danza o deporte, incluso algunas de figuras de alto rendimiento y fama. Tampoco hay problemas en cuanto a la originalidad, no era de esperar grandes innovaciones en tan corto plazo; además, la SEP echó mano de su acervo de más de cuatro mil clases que Televisión Educativa produce desde hace décadas.

Reconocemos el contexto complicado y valoramos el esfuerzo. “Aunque hay voluntad política por parte de la SEP de utilizar diversas vías de transmisión para las clases a distancia (TV, internet, guías, plataformas), aún hay brechas digitales entre ciudades y zonas del país que no permiten tener cobertura total para apoyar la enseñanza de los estudiantes. Lo anterior justifica las transmisiones por televisión abierta, ya que ésta tiene una mayor repercusión, pero se corre el riesgo de que el contenido no sea de calidad y que el aprendizaje de los estudiantes sea mediocre y de poco alcance”.

Por ello, los juicios que hicieron sobre el contenido expresan desilusión. Por ejemplo: “El desarrollo del tema se queda en el aspecto informativo, no problematiza ni plantea preguntas detonantes para la reflexión. Se concibe el papel del alumno de manera pasiva. Además de que, al ser de carácter nacional, tendrá un grave problema de diversidad, en su mayoría hacen alusión a la población urbana”.

En una clase de matemáticas “se presentó un error en la presentación del título del contenido. La oferta era de materias de segundo, pero una vez que iniciaba indicaban que se trataba de primer grado de secundaria”.

En bachillerato, en la clase de Educación y saberes digitales: “Fue un programa tipo panel donde dos equipos de adolescentes presentaban proyectos tecnológicos e incorporaban algún elemento de inclusión. En ningún momento hubo un contenido, los estudiantes sólo daban sus opiniones sobre el proyecto de sus compañeros”.

En materias de ciencias naturales, geografía, formación cívica y ética para quinto de primaria; observamos que “la participación pedagógica del o la docente es mínima, se enfoca en introducir los videos. Se presenta mucha información en poco tiempo”. Además, “las preguntas que se proyectan durante la sesión ocupan poco tiempo, es complicado registrarlas para después responderlas”.

Estas observaciones son de primera mano e insuficientes para reflexionar a fondo sobre lo que vendrá en los meses subsecuentes. Lo que sabemos de Aprende en Casa I es que, en familias, aun en las de clase media, con conectividad y otras herramientas, hubo desencanto y frustración, aunque también valoraron bien el trabajo de los docentes.

Pienso, al igual que Pascal Beltrán del Río, que nos falta paciencia. Esto apenas comienza y ya hay desesperación.

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