La presidenta y la CNTE, de nuevo

 

Si no ocurre nada extraordinario, mañana la presidenta Claudia Sheinbaum se reunirá con la dirigencia de la Sección 22 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación de Oaxaca. Es la más grande, mejor organizada y más combativa de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación. Aunque en Palacio Nacional esperan que el encuentro se centre en el seguimiento de los acuerdos previos, pero la CNTE es la CNTE y es fácil anticipar que, como siempre, irá por más. Es posible que junte a unos cientos de maestros en el Zócalo para ejercer cierta presión; no muchos, están de vacaciones.

La agenda para el diálogo entre los maestros disidentes, la Presidenta y los altos mandos gubernamentales incluye tres cuestiones: 1. Revisión y asignación de nuevas plazas docentes. 2. Cumplimiento de los compromisos pactados con la Secretaría de Gobernación y la Secretaría de Educación Pública. 3. Asuntos relativos a la infraestructura y la atención a la educación básica en la entidad. El gobierno espera que la controversia no rebase lo acordado, pero es casi seguro que la CNTE sacará la trama en torno a la Unidad del Sistema para la Carrera de las Maestras y los Maestros. Al igual que la facción que comanda Alfonso Cepeda Salas, va por la conquista de esa institución para determinar quiénes ingresan a la docencia, se promueven a puestos directivos y se les entregan estímulos económicos.

Es casi seguro que, en la reunión de mañana, la dirigencia de la sección 22 insista en la abrogación de la reforma de 2019, sí, la de Andrés Manuel López Obrador; la que considera neoliberal. Aunque también es posible que, si los disidentes levantan la voz en exceso, la Presidenta clausure la reunión. Ella ya preparó una consulta nacional “escuela por escuela” para sustituir a la Usicamm. La meta principal es preguntar de forma individual al magisterio, para que el diálogo no sea sólo con las cúpulas sindicales.

Ya tiene el calendario (del 18 al 31 de agosto) y quizá también el instrumento para aplicarse a más de un millón de docentes de educación básica y media del país. La Presidenta espera, según lo anunció la SEP en algún boletín, enviar la propuesta de cambios al Congreso en septiembre. El gobierno ya definió los propósitos del modelo sustituto: 1. Transparencia y justicia laboral. 2. Criterios de asignación públicos y claros. 3. Eliminación de inercias. Parece claro que la Presidenta quiere evitar el retorno al control discrecional de plazas y a la intermediación opaca.

Pero la CNTE y la otra facción, según sus manifiestos y su propaganda, lo que quieren es regresar al pasado y, de nuevo, controlar la trayectoria profesional de los docentes. La CNTE insiste en que la Usicamm mantiene la potestad laboral y administrativa, con el uso de exámenes y evaluaciones estandarizadas, que no consideran los contextos regionales, comunitarios ni la realidad de las escuelas rurales e indígenas. Asegura que persiste el carácter punitivo y burocrático heredado del Servicio Profesional Docente, instaurado por el gobierno de Enrique Peña Nieto.

La CNTE rechaza lo que llama simples modificaciones o reformas cosméticas a la Usicamm; exige eliminar por completo al organismo. Además —y es clave para asegurar su poder—, quiere que la administración, la asignación de plazas, el escalafón y los movimientos de personal los decidan comisiones mixtas integradas en un 50% por la autoridad educativa y en un 50% por la representación sindical. 

Lo que se traduce en que las facciones del SNTE colonicen, de nuevo, el gobierno de la educación básica. Y, para ratificar una de sus banderas de combate, quiere que a todos los egresados de escuelas normales y de centros de actualización del magisterio se les asignen plazas en cuanto concluyan sus estudios.

No soy bueno con los pronósticos, pero mi intuición me insinúa que la Presidenta no quiere ceder a esos reclamos; dejaría al gobierno sin palancas para gobernar en materia de relaciones laborales. Mañana, si los líderes no vociferan demasiado, algo obtendrán los maestros oaxaqueños: tal vez más plazas y más fondos para infraestructura. El gobierno no tiene recursos para muchas cosas más.