Las respuestas de la política educativa I

La política educativa tiene la característica de oportunidad ya que los gobiernosla formulan para satisfacer necesidades de desarrollo en un periodo particular.

Este artículo es el primero de una serie de siete que aparecerá los miércoles subsecuentes. Aunque hay una lógica general, cada artículo podrá leerse independiente uno de otro.

Escribir una cadena tan larga en un periódico no es usual, menos si se deja a un lado, aunque no del todo, el análisis de coyuntura. El asunto es que cayó en mis manos un libro que puso, en pocas palabras, una de las perspectivas de mi trabajo académico: Handbook of Education Policy Studies: Values, Governance, Globalization, and Methodology, compilado por Guorui Fan y Thomas S. Popkewitz  (Singapur: Springer Open, 2020, Volumen 1).

No es una reseña del libro. Apenas leí la introducción y uno de los capítulos, pero en esa porción los compiladores me brindaron la idea para estas siete piezas. Quizá más adelante hasta pudiera armarse un libro para dar respuesta amplia y documentada a cada uno de los asuntos que sintetizan Fan y Popkewitz de, digamos, el gobierno de Luis Echeverría Álvarez (1970-1976) hasta el de Andrés Manuel López Obrador. Pero ésa es una tarea para el futuro no tan inmediato.

Los autores, con base en una revisión de la literatura, clasificaron los temas cruciales de la educación en seis problemas:

 1. Financieros, los cuales intentan responder a la pregunta, ¿quiénes pagan?, ¿cuánto?, ¿para qué?

 2. Curriculares, que giran en torno a la pregunta, ¿qué debe enseñarse?

 3. Acceso. Se refiere a la selección de estudiantes para ciertos tipos de experiencia educativa.

 4. Personal, que surge de la pregunta, ¿quién debe enseñar y administrar el sistema?

 5. Organización escolar, que surge de la pregunta, ¿cómo deberían organizarse y funcionar las escuelas?

 6. Gobierno de la educación, que aborda la cuestión, ¿quién debería formular las políticas y quién es responsable del desempeño del sistema educativo?

Nótese que Fan y Popkewitz acentúan un enfoque normativo, el deber, porque son consecuentes con su aparato de análisis que, por cierto, no es nada rígido.

Su definición de política educativa es generosa, pues permite adaptarse a circunstancias distintas, incluso para elaborar análisis no normativos. Expresan: “La política educativa no es sólo una existencia estática, sino también un proceso de desarrollo organizado y dinámico que surge, existe y se ajusta en el curso de las actividades educativas, es una unidad estática y dinámica al mismo tiempo. La política educativa es un código de conducta (sicología política), una existencia normativa (leyes, instituciones) y  una herramienta empleada por una entidad política para gobernar la causa educativa” (me tomé ciertas licencias en la traducción).

Enfaticé la porción que más me convence y conviene. Ésa será mi guía para cada uno de los artículos que vendrán. No abandonaré los otros dos enfoques, pero tampoco me obligo a tomarlos para responder a cada pregunta.

En varios de los casos de política internacional que conozco, la parte estática (leyes) de la política educativa es casi invariable, las normas tienden a perdurar, a establecer rutinas y procedimientos más o menos fijos. En México no.

La política educativa tiene la característica de oportunidad ya que los gobiernos la formulan para satisfacer necesidades de desarrollo en un periodo particular, ya sea para solucionar problemas existentes, ya para rebatir querellas emergentes en el campo de la educación. A toda propuesta de acción política le brotan opositores, como ha sucedido en las propuestas de cambio.

 

 Con todo y que la moción de Fan y Popkewitz es atractiva, no me sujetaré nada más a su itinerario. Autores de esta tierra, colegas investigadores de la educación, aportan ideas y conceptos que me sirven para armar mis argumentos. Hay tela de dónde cortar.

Por supuesto que las nociones de poder (Maquiavelo), legitimidad (Weber) y hegemonía (Gramsci) me seguirán acompañando, aunque en ocasiones no use esas palabras ni cite a mis escritores favoritos.

Es mi apuesta. Trataré la coyuntura en mis colaboraciones dominicales.

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