La CNTE y el Presidente
A la CNTE no la amansa nadie, le valen las llamadas a portarse bien. Siempre quieren más. No apoyaron la campaña de AMLO por buen corazón ni patriotismo ni para “defender la escuela pública”. Lo hicieron para agrandar sus conquistas. ¡Y vaya que saben cómo hacerlo! Más plazas, contratación automática a los egresados de “sus” normales, pagos de bonos y salarios a docentes que ellos, no las autoridades, contratan como interinos y restablecer el dialogo CNTE-Presidente
“Esto no lo puedo permitir porque no puede el Presidente de México ser rehén de nadie”, dijo el presidente López Obrador cuando integrantes de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación impidieron que entrara a la mañanera en el cuartel de Tuxtla Gutiérrez.
Sin embargo, los miembros de la CNTE lo hicieron rehén otras dos veces. Los hechos ocurrieron los 27 y 28 de agosto, justo antes del inicio del ciclo escolar 2021-2022, ya de modo presencial.
Cuando, en marzo de 2018, el entonces candidato a la Presidencia, Andrés Manuel López Obrador, pactó una alianza con la Coordinadora, aventuré que no conocía bien su modus operandi. Que el convenio le favorecería para ganar votos, pero que si en realidad pensaba cumplir con el compromiso no le alcanzaría la hacienda. Y eso que todavía no había crisis.
Tal vez el candidato López Obrador compartía parte de los mitos y símbolos que la CNTE construyó en décadas de pendencia contra sus adversarios dentro del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación y los gobiernos, todos los gobiernos.
Si bien la reforma de Peña Nieto logró reducir el poder de los líderes de la CNTE y quitarles canonjías, no los redujo a la nada; a partir de 2018 comenzaron su regreso. Y el Presidente se equivocó si pensó que se apaciguarían por las recepciones en Palacio Nacional (11 veces) y girando instrucciones a los secretarios de Educación Pública y de Hacienda para que resolvieran sus demandas.
A la CNTE no la amansa nadie, le valen las llamadas a portarse bien. Siempre quieren más. No apoyaron la campaña de AMLO por buen corazón ni patriotismo ni para “defender la escuela pública”. Lo hicieron para agrandar sus conquistas. ¡Y vaya que saben cómo hacerlo!
Más plazas, contratación automática a los egresados de “sus” normales, pagos de bonos y salarios a docentes que ellos, no las autoridades, contratan como interinos y restablecer el dialogo CNTE-Presidente.
A fe mía que los líderes de la disidencia le tomaron la medida al Presidente. Mientras recibía a la dirigencia en Palacio Nacional y posaba sonriente para la foto, los militantes de la CNTE tomaban casetas, pintaban edificios públicos y, lo más grave, bloqueaban las vías férreas en Michoacán.
El Presidente tuvo un impulso mientras los maestros lo mantenían encerrado en su camioneta: “No tenemos pendientes con los maestros, este es un asunto más de intereses políticos (...) Estoy acostumbrado a enfrentar este tipo de asuntos y por la dignidad de la investidura presidencial no puedo someterme a chantajes de nadie” (Excélsior, 27/VIII/2021).
No obstante, les expresó que la secretaria de Educación Pública los atendería, que es a ella a quien le corresponde el asunto. Pero la maestra Delfina no tiene con qué si la Secretaría de Hacienda ni siquiera responde si concederá fondos para la reparación de escuelas. Acaso a ella sí la puedan someter a chantajes. Empero, algo obtendrán, nunca salen con las manos vacías.
El presidente López Obrador ya se había alejado de la CNTE. No volvió a invitar a sus líderes a Palacio Nacional y la secretaria Gómez Álvarez no los ha recibido, a pesar de que antes simpatizaba con sus posturas; claro, era cuando todos estaban contra la reforma educativa del gobierno de Peña Nieto.
La CNTE es una organización pujante, con líderes curtidos en la movilización para alcanzar sus fines. Pero nunca agredieron al mero jefe del Estado.
Pienso que no les importa la situación de las arcas públicas ni los proyectos estelares del Presidente; les interesa ganar. En cambio, el Presidente ni siquiera logrará que, en el futuro, lo recuerden con bondad. Su imagen acompañará a las de los neoliberales Peña Nieto, Calderón, Fox, Zedillo y Salinas de Gortari en el cuadro de deshonor de la Coordinadora.
