A pesar de que nadie en el movimiento de la Cuatroté se preocupó por definir con cierta precisión y con bases filosóficas qué es (o qué debería ser) el humanismo mexicano, la frase se convirtió en un recurso en la retórica del gobierno. No obstante, no todos lo conciben ni lo emplean de la misma manera. Para la presidenta Claudia Sheinbaum, el humanismo mexicano es uno de los fundamentos —junto con la Nueva Escuela Mexicana— de su proyecto político para la educación nacional. La dirigencia de la facción mayoritaria del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación lo utiliza como herramienta de negociación, frente a las autoridades. Los líderes de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación lo usan como referente para exigir que el discurso de la Presidenta se corresponda con las prácticas hacia los docentes.
En varias mañaneras, la presidenta Sheinbaum ha señalado que el derecho a la educación forma parte de una concepción del bienestar basada en el humanismo mexicano. Sin embargo, no ofrece conceptos que sustenten dicho humanismo. Si se extraen citas, podría decirse que, para ella, es un pensamiento político sustentado en la historia y los valores de México, en particular en los pueblos originarios y en las luchas por la independencia, la soberanía, la libertad, la justicia social y la democracia. Su expresión se articula con los derechos sociales, el bienestar y el principio de “por el bien de todos, primero los pobres”.
Incluso, llegó a insinuar que el humanismo mexicano fue la esencia del paquete de libros gratuitos de la Nueva Escuela Mexicana —que parece que ahora se encamina al cesto de la basura— y de la formación del magisterio. Empero, el concepto no es guía de la política educativa; es un motivo para adornar mensajes de Mario Delgado, secretario de Educación Pública, y del alto funcionariado. Lo mencionan cada vez con menos frecuencia.
Para los líderes de las corrientes del SNTE, el humanismo mexicano representa un instrumento de negociación y una manifestación de subordinación. Alfonso Cepeda Salas declaró el 5 de marzo de 2025, durante la entrega del pliego de peticiones salariales y de prestaciones: “Este documento es congruente con los principios y valores del humanismo mexicano, así como con la República Educadora, Humanista y Científica que lidera la Presidenta Sheinbaum Pardo” (mayúsculas en el original). En otros pronunciamientos, ha reiterado el respaldo electoral a Morena. Los análisis de Andrés Becerril, de Investigaciones Excélsior (21 y 22 de septiembre), sobre Cepeda Salas, el humanismo mexicano y los mecanismos de control sindical, sugieren que estos elementos se utilizan como vías para el enriquecimiento personal y ascenso político. Esta situación genera un creciente descontento entre los afiliados.
El humanismo mexicano también está presente en el discurso de la disidencia magisterial. Pedro Hernández, dirigente de la Sección 9 de la CNTE en la Ciudad de México, utilizó el concepto para cuestionar al gobierno. Durante una movilización frente al Palacio Nacional, que se encontraba cercado, afirmó que las vallas de metal estaban “lejos de ese discurso” de humanismo y diálogo. A pesar de ciertas coincidencias ideológicas, la CNTE mantiene una postura de oposición frente a la política educativa gubernamental. Esta estrategia le permite obtener recursos y aumentar su influencia en sus territorios.
De acuerdo con estudios realizados por Mexicanos Primero, Educación con Rumbo y otras organizaciones de la sociedad civil, el derecho a la educación, aunque consagrado en la Constitución, es inoperante. Existen escuelas y clases, aunque con frecuentes suspensiones; muchos docentes cumplen con su labor, los padres envían a sus hijos a clases y millones de niños asisten a las aulas. Con todo, no hay evidencias que demuestren que los estudiantes adquieran los aprendizajes esperados. Por el contrario, evaluaciones como PISA indican resultados negativos.
Con todo y el humanismo mexicano, la educación no muestra mejoras sustantivas. No obstante, la expresión cumple funciones políticas como herramienta de propaganda, negociación y referente para la disidencia. Retórica pura.
