Daphne: otra tragedia

La Academia Militarizada Marina Doenitz que tiene como lema “En Dios confiamos”. Hizo publicidad de un curso de verano de tres semanas, bajo la divisa “Disciplina, lealtad y trabajo”. “Estricta disciplina, deportes y seguridad”. Daphne Zapata Quintos, una niña de 13 años, asistió al curso; su mamá quería que forjara un poco más su carácter y dejara atrás su timidez. Encontró la muerte de manera salvaje.

Cuando leí las noticias de la muerte de la pequeña, en especial las de mi compañero de Excélsior, Raúl Flores, me dolió el alma. “¿Cómo pueden seguir esas prácticas infames?”, dijo mi esposa cuando comentamos el caso. Nos imaginamos el dolor de la familia, de la madre, quien fue a dejarla en el campamento, la vio entrar caminando y el llanto que le brotó cuando le avisaron que había muerto. Además, le mintieron; no fue que Daphne se hubiera desvanecido en las regaderas, sino que fue un asesinato, un feminicidio, según la mamá y la procuraría estatal.

La escuela trató de disimular los hechos. La necropsia determinó que la causa de la muerte fue asfixia por sumersión. La Fiscalía de Tamaulipas abrió una investigación por presunto feminicidio. La madre de Dafne sostiene que su hija fue víctima de maltrato físico y tortura antes de morir, mientras que la versión de la escuela es cuestionada por inconsistencias. En una entrevista con Azucena Uresti, Diego Pérez, quien estudió seis años en esa institución, narró que “los alumnos recibían, por parte del personal y de otros compañeros, tablazos, novatadas, golpes, discriminación, encierros en jaulas y agresiones con insecticidas”.

El director de la escuela, Jorge Luis Ponce, ofreció a la familia devolverle los 25 mil pesos del curso, ya que sólo estuvo cuatro días. Hay temores de que el crimen quede impune.

Ese drama de Ciudad Madero, me recordó la novela de Mario Vargas Llosa, La ciudad y los perros. Donde describe esas prácticas como una apología a la brutalidad. Para él, la novatada es un rito de humillación que, bajo la apariencia de “hacer hombres” a los jóvenes, en realidad los despoja de su dignidad y los somete a una violencia que los marca para siempre. Relata las experiencias sombrías de quienes fueron alumnos del colegio militar Leoncio Prado, en Perú. A los novatos se les llamaba “perros” y los veteranos y los instructores los trataban como esclavos. Vargas Llosa pasó por esas barbaridades que describe con terror y maestría.

La tragedia de Daphne también me trajo recuerdos de las ceremonias de iniciación a la secundaria y a la preparatoria de la Universidad Juárez del estado de Durango, a la que ingresé en 1957. El año anterior, la legislatura aprobó la iniciativa del gobernador Francisco González de la Vega, para elevar el rango del Instituto Juárez a universidad, justo cuando el instituto cumplió 100 años.

A los muchachos de nuevo ingreso nos rapaban el primer día de clases y unos días después, nos pintaban, nos embarraban con chapopote y nos hacían marchar, casi desnudos, por las calles del centro de la ciudad. No era una escuela militar ni militarizada; era la de mayor prestigio en la ciudad. A las muchachas novatas, nada más les hacía chistes léperos.

Con aquellas novatadas no trataban de hacer hombres a los “pelones”, pero sí los despojaban de su dignidad. Eran rituales salvajes que perduraron hasta 1973, cuando nosotros los maestros del Colegio de Ciencias y Humanidades impedimos que quienes venían de otras escuelas raparan a nuestros alumnos. Las muchachas y hasta los albañiles que trabajaban en ciertas reparaciones se solidarizaron. Al rato llegaron el rector de la UJED y varios funcionarios y, con palabras duras, dispersaron a “los defensores de la tradición juarista”. Dos o tres años después, quienes alguna vez fueron “pelones” enterraron la tradición.

La barbarie no se justifica con lemas ni se liquida con reembolsos. La memoria de Daphne reclama castigo y prisión para los culpables. Veinticinco mil pesos no pagan una vida arrancada por tortura. Mientras la SEP y la Secretaría de la Defensa evaden responsabilidades, la gente clama que la justicia impida que el horror de Daphne quede sepultado en la impunidad.

¡No más escuelas salvajes!