El México de la 4T: la crisis sin fin

Qué es una crisis? Cuando un conflicto, situación o problema se convierte en una amenaza real que afecta la estabilidad y desarrollo de cualquier organización (compañía, familia o incluso un país) que pone en riesgo a sus miembros, valores y misión, a su estructura e incluso su continuidad, en forma parcial o total. La definición es sencilla de entender y podemos deducir cuándo una crisis está sucediendo, pero son pocos los que pueden evitarlas y muchos menos los que pueden solucionarlas.

Siempre hay amenazas internas o externas: una posible huelga, errores cometidos por sus miembros, la pérdida de una persona indispensable, actos de corrupción o negligencia, cambios en los paradigmas de los negocios o acciones ajenas a ella, por ejemplo, una guerra inesperada. La crisis comienza cuando no se está preparado para afrontarla y la capacidad de adaptación es nula o deficiente; no se tienen los fundamentos ni la preparación para afrontar la tormenta. Se pierde la perspectiva de la misión y los valores, traicionando sus principios, rompiendo leyes, permitiendo y fomentando la corrupción. Las peores crisis tienen algo en común: la organización pierde el control sobre la situación o amenaza y queda a merced de sus errores, omisiones y de factores externos. ¿Le suena conocido?

Vaya que en México conocemos de crisis, la mayoría de ellas provocadas por los mismos gobiernos y sus burocracias que, en lugar de buscar el bien común de todos los mexicanos —el crecimiento del país, no sólo económicamente, sino también en sus valores, educación, civismo y resolución de las desigualdades y problemas que nos aquejan— utilizan el poder para beneficio propio y de sus allegados, sin importarles patria, soberanía y, mucho menos, el resto de los connacionales. El egoísmo predomina sobre el bien común, y eso ha sido nuestra historia desde que somos el país independiente que conocemos como México.

Un grave error que se comete durante las crisis es buscar responsables en lugar de soluciones y creer que se tiene el control y el conocimiento para resolverlas. Si es difícil afrontar una crisis con una organización competente y preparada, imagínese tratar de hacerlo con una organización donde sus miembros no respetan sus propios valores ni leyes, donde no están preparados para hacer su trabajo ni para resolver problemas; imagínese su organización con 90% de lealtad (inexistente) y 10% de capacidad. ¿Suena aterrador? Así es la 4T.

El Mundial era el escenario perfecto para mostrar al resto de las naciones que la Cuarta Transformación es lo que pregonan. Tuvieron siete años para crear la infraestructura necesaria que les permitiera presumir al mundo su modelo de gobierno como un ejemplo a seguir. Pero si para algo ha servido este evento es para demostrar la nula preparación e ineptitud de el actual gobierno y la anterior administración. En los países que han celebrado exitosamente estos eventos, todo está listo por lo menos un año antes para hacer pruebas y corregir detalles. Las obras que se necesitaban en Monterrey, Guadalajara y CDMX no estarán ni cerca de concluirse, por más inauguraciones falaces. Tampoco están listos los protocolos de seguridad y mucho menos los de infraestructura tecnológica necesarios. No hay cortina de humo que pueda tapar todo el sol al mismo tiempo.

A eso sumemos las mayores crisis que amenazan a Morena, sus aliados y, en general, al sistema político mexicano. Cuando pensaron que ya tenían los tres Poderes de la Unión controlados, vino un contrapeso inesperado: las amenazas directas a su estilo de gobierno y corrupción por parte de la administración Trump, que ha comenzado con el destape (aunque era un secreto a voces) de políticos morenistas con supuestos nexos con el crimen organizado, ahora considerados como terroristas.

Por más discursos que hablen de soberanía y nacionalismo, el principal enemigo de México no viene de afuera, viene de dentro: son los corruptos, los ladrones, los que traicionan al país, los que se enriquecen ilegalmente y tratan de perpetuarse en el poder. Y si algo está claro es que no tienen a la gente correcta para resolver las crisis que, en su mayoría, ellos mismos han creado.