La mentira como primera opción

Para mentir hay que tener buena memoria, reza un adagio atribuido a un rector romano llamado Quintiliano. Siendo sinceros, todos mentimos, muchas veces en forma inadvertida y otras en forma inconsciente; incluso algunas mentiras son socialmente aceptadas. Se dice que la mentira más común es “estoy bien” como respuesta a la pregunta “¿cómo estás?”. Las mentiras van desde las inofensivas mentiras blancas, las exageraciones, las piadosas, las promesas rotas, los rumores, los plagios, hasta los grandes entramados concebidos para ocultar la verdad con intensiones dañinas y con ulteriores motivos.

Como hemos comentado en este espacio, hay profesiones en el país que no gozan de la confianza del “pueblo bueno”: abogados, policías, algunos medios de comunicación, servidores públicos… la desconfianza en los políticos es muy alta. No nos engañemos: político que no miente, no es político; todos lo sabemos, nadie se espanta. Pero hay de mentiras a mentiras y hasta para ser un mentiroso profesional se necesita talento, capacidad y mucha inteligencia, algo que Maquiavelo describió perfectamente en El Príncipe. Dejando a un lado los valores religiosos, el pragmatismo de “el fin justifica los medios” describe de forma precisa los anhelos de varios dirigentes de nuestro país. A diferencia de la dictadura perfecta del PRI del siglo XX, en la que se sabía que las instituciones funcionarían si se tenía a gente competente en los puestos operativos cruciales, desde la llegada de Morena al poder se privilegia la lealtad (más a sus líderes que a sus “ideales”) sobre la capacidad, el conocimiento y el talento. Esto da como resultado una legión de políticos y servidores ladinos: embaucadores taimados que dicen una cosa en público y terminan haciendo lo que les conviene o les viene en gana en privado. Lo increíble es que, sinceramente, piensan que son tan inteligentes que nadie se va a dar cuenta de algunas de las mentiras más ridículas que hemos presenciado.

Tomemos el ejemplo de la mujer que fue captada en fotos y videos tomando el sol con desparpajo en una ventana del Palacio Nacional. ¿Rompió alguna ley? No. Fue un pequeño problema que no debió transcender más allá de la anécdota de la falta de juicio de una persona haciendo algo que algunos consideraron irrespetuoso para el edificio histórico. El verdadero problema comenzó al surgir las reacciones de los “grandes talentos” del gobierno que pretendieron apagar un cerillo convirtiéndolo en un incendio. La excusa de moda es negar la realidad evidente y palpable diciendo que las imágenes, audios y cualquier otra prueba son forjadas o manipuladas con inteligencia artificial, demostrando que la estupidez natural germina donde falta el conocimiento, la verdad, la inteligencia y la integridad. Con un comunicado informando que se habían tomado medidas para evitar que una imprudencia así se volviera a cometer, habría bastado. Pero no, su lambisconería junto con su estulticia los hace presas de sus palabras, pensando que van a proteger al Estado de un escándalo que ellos mismos ocasionaron al agrandar el hecho. ¿Qué tiene que estar hablando la Presidenta de algo tan insulso? Bueno, pues le tocó apagar ese incendio.

La mentira y los eufemismos incoherentes parecen ser la primera opción de la 4T desde que llegó al poder: el Tren Maya no se descarriló, tuvo un percance de vías; el incendio de la refinería de Dos Bocas comenzó afuera de las instalaciones, y no se inunda, tiene inconsistencias en el drenaje; la culpa del descarrilamiento del Tren Interoceánico es de los operadores; el derrame en el Golfo de Mexico (que comenzó desde febrero) fue por un barco (que nadie conoce), pero ya está contenido y las playas de Veracruz y Tabasco están limpias, tan sólo murió un delfín y una tortuga; el operativo de movilidad para la reinauguración del estadio Banorte funcionó perfectamente; los sobres amarillos no eran corrupción, eran aportaciones al movimiento; la viga del tren a Toluca no se cayó, se deslizó al piso; no hay más impuestos, hay una actualización de impuestos que no habían existido.

La 4T se ha hecho esclava de sus propias mentiras y han dicho tantas, que la verdad ya no es su primera opción.

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